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90 aniversario PCE


Intervención de Gloria Aguilar, secretaria de Movimiento Republicano y Memoria Histórica en el acto conmemorativo del 90 aniversario del PCE



Secretaría Movimiento Republicano y Memoria Histórica del PCE / 18 dic 11

Buenos días amigos, amigas, compañeros, compañeras camaradas:

Con frecuencia en estos últimos noventa años, los que van desde aquel 14 de noviembre de 1921 hasta hoy, hemos podido escuchar y escuchamos «estamos orgullosos de reconocernos comunistas y estamos orgullosos de pertenecer al Partido Comunista de España».

Con frecuencia, también los elementos más reaccionarios de la sociedad, hacen gala de un afectado estupor al percibir muestras de orgullo como la que acabo de referir.

«¿Orgullosos?», se preguntan retóricamente muchos.

Me gustaría, en esta breve intervención, justificar ese tradicional orgullo, con el modesto trazado de un par de gruesas pinceladas que, en mi opinión, por sí mismas ya serían suficientes para sentirse honrado de ser comunista español.

Pero dejadme explicar a qué me refiero con esto del orgullo.

Hay muchos tipos de orgullo y, como expondré a continuación, no son todos iguales.

Hay quien se siente orgulloso de ser de tal o cual ciudad.

Yo misma estoy orgullosa de mi condición de malagueña, o andaluza. Pero si el azar me hubiese hecho nacer en cualquier otra parte del mundo, casi con seguridad me sentiría igual de orgullosa. O eso creo.

Veamos otro orgullo frecuente: el del fútbol o cualquier otro deporte.

Uno se siente orgulloso de ser de este equipo o de aquel otro.

Y no es raro ver a personas, incluso bien recias, llorar de emoción ante las gestas de ese equipo del que se sienten orgullosos pero que, en realidad, casi nunca eligieron: es el de su ciudad, el que seguía el padre de uno, el de aquella tía tan forofa que me llevaba de pequeña al estadio… Seguro que esto lo entendéis, sobre todo los forofos del equipo de fútbol ese que tiene su campo aquí cerca, al otro lado del río Manzanares.

He querido usar dos ejemplos sencillos de lo que puede ser el orgullo para ilustrar que el orgullo de ser comunista es otra cosa.

En la presentación de este acto dedicado a los noventa años del PCE se me antoja explicar que estar orgulloso de ser comunista es algo distinto, más profundo.

Nuestro orgullo de Partido tiene algunos elementos comunes con el del nacimiento o el equipo deportivo.

En algún momento puede ser irracional, fruto de un puro e inocente sentimiento, pero pasados noventa años sería injusto quedarnos en esto. Existen motivos objetivos, explicables desde el conocimiento de nuestro trabajo, para sentirse orgulloso de ser comunista, en general, y del PCE en particular.

Nada más lejos de mi intención que hacer un repaso exhaustivo de los momentos más relevantes y gloriosos de nuestra historia.

Entre nosotros y nosotras hay muchas voces, tan documentadas como elocuentes, como para hacer un repaso minucioso de nuestros porqués más íntimos.

Permitidme, no obstante, citar algunos personajes,

solo dos en realidad que, a pesar de su importancia y reconocimiento mundial, a veces se nos pasan desapercibidos con el momento que les tocó vivir.

Cuando se habla del sangriento siglo XX, de sus guerras y de los protagonistas de estas casi siempre aparecen en el discurso los nombres de Patton, Montgomery, algunos generales del Ejército Rojo o incluso del nazi.

El cine ha tenido mucho que ver con esto pero, ¿sabemos en realidad quién es el militar más laureado del siglo XX? ¿Sabemos de verdad quién es el único personaje de la historia que alcanzó el grado de general de división en cuatro ejércitos distintos? ¡Pues era un militante del Partido Comunista de España!

Y seguro que alguno de los presentes habrá tenido ocasión hasta de estrecharle la mano.
Era Enrique Lister

De este camarada, escribió Antonio Machado en 1938:
«de monte a mar, esta palabra mía:
“Si mi pluma valiera tu pistola
de capitán, contento moriría».

Segunda anécdota, por llamarlas de alguna forma, y esta no tiene nada que ver con la anterior.

Seguro que la mayoría de quienes estamos aquí manejamos, más o menos, un ordenador.

Además somos personas solidarias y concienciadas.

¿A que si nos paramos a pensar resulta que hace pocos días hemos firmado a favor o en contra de algo? En estos tiempos firmar es fácil. Sin embargo, conseguiré grandes cantidades de firmas para alguna causa que consideramos justa no es tan sencillo. Lo sabemos bien.

Si pensamos en esto que comento, es más fácil darse cuenta de la importancia del dato que voy a aportar a continuación.

Entre 1962 y 1963 el gobierno español recibió más de ¡ochocientos mil! telegramas para exigir que no se asesinara a un militante del Partido Comunista de España; de hecho, el último muerto de la guerra civil.

El propio jefe del Estado de la URSS (Kruchev, por aquel entonces), además de telefonear al general Franco, protestó contra el gobierno de España, a zapatazos, en una sesión plenaria de la ONU. Hablamos de Julián Grimau

Por cierto, el PP, muchos años más tarde, se negó a condenar aquel asesinato para no dejar con el culo al aire a uno de los asesinos: el hoy anciano Manuel Fraga.

Son solo dos apuntes para la historia. Podríamos hacer muchos más.

Somos comunistas pero los y las comunistas españoles nunca hemos entendido la búsqueda del comunismo fuera de la democracia, ni siquiera por sus lindes.

Todos los movimientos reaccionarios han sabido que a lo largo de nuestra historia, cuando se han llevado a cabo movimientos contra el pueblo, nos han tenido enfrente y en vanguardia.

Lo supo el general golpista que decretó nuestra ilegalidad apenas dos años después de nuestro nacimiento.

Lo supo aquel otro general golpista que se encontró con que
las principales contingencias militares contra las que hubo de enfrentarse se encontraban vertebradas, precisamente, por el Partido Comunista.

Lo supo el pueblo español cuando durante los casi cuarenta años de oscuridad franquista el PCE era el único movimiento real que reivindicaba democracia desde la clandestinidad interior y la eficaz acción exterior –que te lo pregunten a ti Marcos.

Lo supo la clase trabajadora cuando fundamos con lo más comprometido de la sociedad las Comisiones Obreras.

Lo supo la juventud cuando allá donde había una protesta, una barricada, una huelga de estudiantes, un encierro, una manifestación, siempre se encontraba y se encuentra la Unión de Juventudes Comunistas de España.

¿Cómo no vamos a sentir orgullo?

Aquel mismo Partido Comunista, este partido comunista, es el de Antonio García Quejido, César Rodríguez, José Bullejos, Pepe Díaz, Dolores Ibárruri, Santiago Carrillo, Gerardo Iglesias, Julio Anguita, Paco Frutos y José Luis Centella.

Es el nuestro un partido humano, muy humano. No solo por estar formado por mujeres y hombres sino porque nuestro comportamiento, como el de cualquiera, ha tenido y tiene muchas luces y, digámoslo claro, algunos errores.
O sea, como cualquiera. Y esto también es para sentir orgullo, ¿o no?

Han sido 90 años duros de lucha constante contra la injusticia, en defensa de los intereses de la clase obrera y de los más desfavorecidos.

En los buenos momentos, en los malos pero siempre desde el orgullo.

Por fin, me siento orgullosa de compartir militancia con todos vosotros y vosotras, lo que hoy somos el Partido Comunista de España, dispuestos a seguir luchando por nuestros objetivos de transformación social,

de lucha anticapitalista y de defensa de la paz frente al militarismo imperialista.

Y me siento orgullosa de intervenir en este acto.

Gracias por estar ahí.

 
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