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Monarquía vs República


EUPV presentó una Proposición no de Ley sobre la convocatoria de un referéndum sobre monarquía o república



Secretaría de Movimiento Republicano y Memoria Histórica del PCE / 19 jun 13

Transcripción de la intervención de Ignacio Blanco, Diputado de Esquerra Unida del País Valencià (EUPV) en las Cortes Valencianas el pasado 13 de junio.

«Juro por Dios y sobre los Santos Evangelios cumplir y hacer cumplir las leyes fundamentales del reino y guardar lealtad a los principios que informan el Movimiento Nacional.» Esas son las palabras que pronunció Juan Carlos de Borbón el 22 de noviembre de 1975 cuando tomó posesión de su cargo de rey de España. Y hasta hoy. Porque no ha vuelto a pronunciar otras, porque no ha jurado la Constitución española.

Esta barbaridad, como dicen en los escaños del Partido Popular, puede parecerles anecdótica, pero no lo es. Es la demostración de la falta de legitimidad democrática de origen de la corona. Juan Carlos es rey por decisión personal de Franco, del dictador, y la monarquía es el vínculo que une el actual régimen con el régimen anterior, con el régimen franquista. Porque hubo cosas que cambiaron, y otras que no. Sigue la máxima institución del estado ocupada por la misma persona y sigue la misma oligarquía económico-financiera del franquismo.

Pero tampoco tiene Juan Carlos de Borbón una legitimidad democrática de ejercicio, por mucho que se empeñen en contarnos historias oficiales sobre la transición y el 23-F. Juan Carlos nunca quiso salvar la democracia, sino salvar la corona, y lo que es peor, al pueblo español nunca se le preguntó si quería la monarquía o una república. Al pueblo español en 1978 se le ofreció un pack, iba todo junto, las libertades democráticas que recuperaba después de cuarenta años de feroz dictadura y, al mismo tiempo, ese título segundo con la corona incrustada en la Constitución.

El rey nunca se ha sometido a la democracia, e incluso durante un tiempo no ha querido someterse ni a las encuestas, porque ya en el CIS se ve cómo pierde apoyo popular, en 2011, el 4,89 sobre 10; después dejaron de preguntar. Recientemente, en 2013, el 3,68; y entre los más jóvenes, con una desaprobación muchísimo más alta.

Porque el rey, porque la familia real, porque la corona, ha sido motivo de escándalo durante mucho tiempo, escándalos que vienen de lejos, escándalos económicos que afectan a personas vinculadas al rey de España. A Prado y Colón de Carvajal, a De la Rosa, a Mario Conde, a los Albertos, cosas que se sabían pero que no se contaban, porque funcionaba un bloqueo informativo que poco a poco se va rompiendo.

Ahora sabemos cada vez con más claridad que tiene relaciones con los jeques saudíes del petróleo, tenemos noticias de las comisiones multimillonarias por negocios un tanto oscuros, sabemos que tiene cuentas personales en Suiza, y quizás otras a través de testaferros. Sabemos que su gasto millonario hasta ahora o ha estado sometido a la trasparencia, y ya veremos si se le aplica la ley. Un gasto que, por otra parte, la Constitución refleja que es para el sostenimiento de su familia y casa… de su familia y casa, no dice nada del “pisito”, que también tenía un “pisito” para la señora Corina von Wittgenstein.

El señor rey Juan Carlos de Borbón ha tenido actuaciones personales dudosas que le han hecho perder credibilidad: estaba cazando elefantes mientras en España teníamos seis millones de parados y dos millones de familias sin ningún ingreso. Ahí está el caso Nóos, los padrinos de Iñaki Urdangarin y de Diego Torres no son solo Jaume Matas, Francisco Camps y Rita Barberá, hay también un padrino real. La diferencia es que él está muy tranquilo, porque es inviolable, porque el artículo 56.3 de la Constitución dice que su persona es inviolable y, por lo tanto, no se le puede imputar, no se le puede juzgar. La prensa satírica lo ha explicado mejor que yo... [muestra la portada de la revista Mongolia, titulada “El rey podría violarte, y no le pasaría nada”]. El rey nunca, nunca, se ha sometido a la ley, nunca ha sido igual, y tampoco ejemplar, tal como preconiza para los demás.

Pero este es un debate que va más allá de la persona y de los escándalos que la rodean, es un debate sobre la institución, sobre la monarquía, sobre una anomalía y un anacronismo histórico. Recuerden ustedes las palabras del hermano de George Bush, el gobernador de Florida, hablando de la República Española... Es que no le cabe en la cabeza a cualquier ciudadano de un país democrático y normal que aquí todavía tengamos una monarquía por razones dinásticas.

Además, en breve asistiremos al hito que marca la esencia de la institución: la sucesión, donde se manifiesta claramente su falta de legitimidad democrática, su condición puramente dinástica. Y enfrentando ese momento, Esquerra Unida, y con nosotros cada vez más gente, pensamos que el pueblo español es ya mayor de edad y puede decidir sobre la forma de estado treinta y cinco años después del referéndum sobre la Constitución en el que se nos hurtó la posibilidad de votar, cuando muchos de nosotros, o no habíamos nacido o no habíamos cumplido la mayoría de edad. En estos momentos creemos que sí se puede.

Nosotros, Esquerra Unida del País Valencià, Izquierda Unida, queremos una república porque somos demócratas y es la única forma democrática de organizar el estado en cuanto a la máxima institución. Queremos una república porque somos de izquierdas y queremos un modelo de sociedad diferente, justo socialmente, libre, igualitario. Y eso en España siempre ha venido de la mano de la lucha por la República.

Pero en esta PNL ni siquiera pedimos que se ponga nuestra opción republicana, simplemente queremos un referéndum para que el pueblo pueda decidir democráticamente. Además, planteamos que se sigan los procedimientos constitucionales de convocatoria del referéndum, el artículo 92 de la Constitución, y también de reforma de la misma, en caso de que el pueblo decidiera mayoritariamente, democráticamente, que quiere elegir la forma más democrática: la república. Ese artículo 168 que corresponde al blindaje especial del título II, «De la corona», en la actual Constitución.

Por lo tanto, ustedes, señorías, no van a votar entre república o monarquía. Eso no nos compete a nosotros, le corresponde a todos los ciudadanos en igualdad de condiciones. Ustedes, señorías, van a votar democracia sí o democracia no. Por eso les pido que no tengan miedo a la democracia, ese miedo que se manifestó cuando los dos grandes partidos decidieron no someter a referéndum la reforma del artículo 135 de la Constitución. No tengan miedo a la democracia.

Por eso pido el voto de los republicanos, que me consta que los hay seguramente en todos los grupos, especialmente a los republicanos de izquierda, con los que compartimos una tradición, una historia épica y trágica. Pero pido sobre todo el voto de los demócratas, que me consta que también los hay. Es más, deberían serlo todos, aunque a veces no se note.

Thomas Jefferson decía que las circunstancias del mundo están cambiando continuamente y las opiniones de los hombres también, y como el gobierno es para los vivos y no para los muertos, sólo los vivos tienen derecho sobre él. Señorías, ninguno de los españoles vivos, menores de cincuenta y tres años, que son mayoría en la sociedad, que también somos mayoría en este parlamento, pudo votar en 1978. Es hora de que los ciudadanos y las ciudadanas tomen la palabra y destapen de una vez por todas aquello que Franco dejó “atado y bien atado”.

 
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