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25 aniversario del fallecimiento de Dolores Ibárruri 'Pasionaria'


"Murió Dolores, pero no Pasionaria. Pasionaria vive"



David Becerra Mayor, Editor / 20 dic 14

Armando López Salinas me comentó, en una de las distintas conversaciones que tuvimos mientras me encontraba trabajando en la edición crítica de su novela La mina, que la primera vez que viajó a la URSS y fue a visitar a su casa de Moscú a Dolores Ibárruri, Pasionaria, se la encontró con un delantal, fregado el suelo. De pronto el mito bajó a la tierra, Pasionaria se llamaba Dolores.

Dolores murió el 12 de noviembre de 1989. Tres días después de la caída del muro de Berlín. La fecha de su muerte tiene una enorme carga simbólica. A partir de este momento, el capitalismo, una vez aniquilada su antinomia, se convirtió en sistema-mundo, proclamó que no había alternativa, que la Historia se había terminado. La muerte de Dolores Ibárruri, símbolo del comunismo y la revolución, en el mismo 1989, parecía darles la razón.

Pero el 12 de noviembre de 1989 murió Dolores, pero no Pasionaria. Pasionaria vive. Y vive porque permanece intacto su recuerdo, porque en nuestra memoria nos seguimos encontrando con ella.

Decía Walter Benjamin, con una claridad asombrosa, a pesar de ser un autor muy oscuro y hermético, que vivimos en el instante de peligro cuando la clase dominante se apropia de nuestra Historia. Y aunque hay –es inevitable– novelistas que quieren convertir a Pasionaria en un icono pop, que nos dicen que el destino de España dependía del color de pintalabios que usaba Pasionaria, lo cierto es que a nosotros no nos importa de qué color se pintaba los labios Dolores Ibárruri, sino los discursos que salían de sus labios rojos:

«Es preferible morir de pie que morir que vivir de rodillas», «No pasarán», «Sois la historia. Sois la leyenda, sois el ejemplo heroico de la solidaridad y de la universalidad de la democracia... No os olvidaremos; y, cuando el olvido de la paz florezca, entrelazado con los laureles de la victoria de la República Española, ¡volved! Volved a nuestro lado, que aquí encontraréis patria», como dijo en su discurso de despedida a las Brigadas Internacionales. Porque por «tu voz habla la España de las cordilleras, / la de los brazos pobres y explotados», escribió Miguel Hernández en el poema «Pasionaria» (Viento del pueblo, 1937).

Pasionaria no ha muerto, porque la convocamos aquí y ahora. Y como decía Miguel Hernández: «Ardiendo quedarás enardecida / sobre el arco nublado del olvido, / sobre el tiempo que teme sobrepasar tu vida [...] // Tu cincelada fuerza lucirá eternamente, fogosamente plena de destellos».

Sopla un fuerte viento de desmemoria, pero sus destellos siguen alumbrando el camino. De nosotros depende que su nombre no se borre de la Historia o que sea normalizado por el discurso dominante. Eso significaría que estamos viviendo en el instante de peligro. Porque, como decía Benjamin, sabemos que vivimos en un instante de peligro cuando ni los muertos están a salvo. Si eso ocurre significa que el enemigo no ha cesado de vencer.

 
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