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25 aniversario del fallecimiento de Dolores Ibárruri 'Pasionaria'


Dolores, un ejemplo de transparencia



Alvaro Aguilera, Secretario General Partido Comunista de Madrid / 20 dic 14

Acaban de cumplirse veinticinco años de la muerte de Dolores Ibárruri, nuestra Pasionaria. Cuando ella murió, yo apenas tenía cuatro años. Lamentablemente no pude conocerla, no tuve el honor y la suerte de poder disfrutar de un solo instante de su luz y de su ejemplo. Todas las que estamos aquí hemos crecido escuchando sus discursos, nos hemos forjado con su ejemplo y su capacidad de lucha, con el infinito coraje que siempre demostró.

Hace algunos años, intrigado por su figura histórica, pregunté a un camarada de mi agrupación, Manuel Montero, que había tenido la suerte de conocerla, cómo era Dolores. Recuerdo que me miró con los ojos llenos de nostalgia y dijo: sólo puedo decirte que era una mujer que olía a limpio, como las sábanas recién lavadas. Desde entonces, siempre he relacionado a Pasionaria con esa imagen, con ese olor a limpio que evocaba Manolo.

Reivindicar la figura de Dolores hoy, no sólo es recordar a la camarada y la secretaria general, a la presidenta del partido o al mito histórico, no se trata sólo de recordar su lucha contra el fascismo y por la democracia republicana o rememorar su valentía y su lucha feminista. Reivindicar la figura de Dolores hoy (en un tiempo como este, repleto de indecencia y corrupción) es también reivindicar la limpieza ideológica y la honestidad. Pocas personas han encarnado de manera tan precisa la conjunción entre liderazgo natural y humanidad.

Pasionaria es historia de nuestro Partido y es historia de nuestro país, el símbolo de la lucha de miles de hombres, pero sobre todo de miles de mujeres contra el fascismo y por el socialismo. Su legado no sólo es pasado, sino que es especialmente futuro: el futuro del Partido Comunista de España, que vuelve a hacer ahora tanta falta como la hizo cuando Dolores gritaba No Pasarán al pueblo de Madrid.

Como ella supo hacer en su momento, es el momento ahora de pensar en grande, de ser valientes y audaces y asumir el papel que la historia nos tiene preparado. Si no lo hacemos, habremos traicionado el espíritu de Pasionaria, el espíritu de la unidad popular que ella impulsó, la esencia por la que se forjó la lucha de los oprimidos contra el yugo voraz del capitalismo. En días como hoy, en los que nuestro país se debate entre la ruptura y la continuidad, no nos queda otra que estar a la altura de su ejemplo y entender que la unidad popular es el camino que ha de conducirnos a la victoria. No hay margen para ser mediocres, para dejar pasar el tren de la historia ni para refugiarnos en la inacción identitaria y autocomplaciente.

Hay que aprender de Pasionaria, de las mujeres que, como ella, dieron su vida por darnos una vida mejor. Por las camaradas anónimas que tanto nos enseñaron, por las mujeres como Dolores, como nuestra querida Josefina, como Juana Doña o Julia Manzanal y tantas otras, que vertebraron este Partido y nos enseñaron lo que era la dignidad y la coherencia. A parte de celebrar nuestro pasado, les debemos mucho más: conquistar el futuro y ser el vector principal de un cambio en el país que acabe con este régimen capitalista y saqueador.

Dolores nos enseñó muchas cosas y ha sido un faro en el que se han fijado todas las personas que han trabajado por la libertad y la democracia en el planeta, y que comprendieron que la mayor expresión de ambas era el socialismo.

Somos los hijos y las hijas de Dolores, y lo somos con el inmenso orgullo de militar en su Partido y empuñar su antorcha, porque somos clase, porque somos comunistas, porque, al igual que ella, nos conmovemos con el sufrimiento humano sin la fácil aureola de la resignación, porque creemos en el pueblo y somos pueblo, porque preferimos y preferiremos siempre morir de pie antes que vivir arrodillados.

Gracias Dolores. Es un inmenso orgullo militar en tu Partido y recoger tu antorcha. Lucharemos incansablemente porque tu llama no se apague. ¡No pasarán!

 
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