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Agora | Mundo Obrero - Tribuna XVIII Congreso del PCE


Partido Comunista, Partido útil

José Manuel Mariscal, Secretario Provincial del PCA en Córdoba / nov 09

Publicado en el número 218 de Mundo Obrero perteneciente a noviembre de 2009

Justo cuando finalice el XVIII Congreso del PCE, se cumplirán 20 años del derribo del Muro de Berlín. Como si de la cabeza de una hidra se tratase, muchos muros han sido levantados desde entonces. Muros que separan la dignidad de la opulencia, la vida y la muerte, la fe y la derrota. La agresividad desatada del Capitalismo, accedió a la conquista de nuevos territorios y certificó la derrota definitiva de las fuerzas del "mal". En España comenzó a imperar un discurso de reconocimiento al papel del PCE en la democracia española acompañado de una palmadita en la espalda que nos daba las gracias por los servicios prestados y nos conminaba a desaparecer.

Pero veinte años después, el PCE sigue vivo. Es verdad que no goza de buena salud. Tiene la musculatura débil, algunos problemas de circulación y, en ocasiones, la mirada perdida al fondo de sus recuerdos. Pero vive. Y a pesar de los presagios de los augures, tiene futuro.

Este 20 aniversario es una buena ocasión para reafirmar nuestra voluntad de existencia. Somos comunistas, queremos que haya muchos más comunistas y estamos dispuestos a embarcar con otros en naves que sigan un rumbo de transformación social y democrática.

Pero para ello es preciso que abandonemos la apatía, que hagamos ejercicio para ir reforzando nuestra musculatura. Y hay algo que puede motivarnos especialmente: aceptar el reto de hacer de este PCE un instrumento útil al servicio de las clases populares.

Así, cada comunista se convierte en agente activo de combate y de lucha. Nos infiltramos en las estructuras democráticas y participativas que el sistema aún permite, para conocer mejor la realidad, para trasladar nuestra visión del mundo, haciendo de la praxis diaria el mejor modo de construir la hegemonía de nuestras ideas.

Este congreso debe debatir con tranquilidad asuntos cruciales para comenzar a tejer un antagonismo de clase, pero también, y sobre todo en estos momentos, popular. Debemos identificar los campos posibles de alianzas para hacer que nuestro proyecto avance.

A su vez, este proyecto debe ser profundamente republicano. Las alianzas naturales del Partido, hoy por hoy, hay que anudarlas en torno a la reivindicación democrática y la defensa de lo público. En la economía haciendo ver que podemos y debemos regir de forma colectiva la forma de producir los bienes fundamentales para una existencia digna. En la política haciendo ver que la democracia no es tal si nos imponen decisiones que van contra los intereses de las mayorías. En el espacio público denunciando su persistente privatización y liberando espacios para el pensamiento y la acción. República significa que nadie decide por las mayorías. Ni la iglesia, ni el ejército, ni la banca, ni la patronal,…ni su majestad, por muchos bastardos que ocupen su linaje.

La reconstrucción del partido implica hacer de la dirección federal no una coordinadora de federaciones, sino el ámbito para la puesta en marcha, de forma decidida, de todos y cada uno de los acuerdos que este congreso adopte. Asímismo, es imprescindible practicar la solidaridad en el seno del partido, y ello comienza por la cuota y por la suscripción a Mundo Obrero como expresión de compromiso. Y termina en el horizonte de un partido que sea fuerte en cada palmo de tierra de este país.

Debemos acordar que política de alianzas va a tener el partido. Y a mi entender, debemos ponernos a la cabeza de un proyecto de refundación de la izquierda antagónica española. Este proyecto exige un esfuerzo colectivo de toda la militancia, en cada agrupación, para identificar los conflictos en su ámbito y darles un sentido acorde con un análisis de clase y democrático. Y si sabemos a dónde vamos, sabremos de dónde tirar en cada territorio y en cada conflicto.

Un partido que estudie. La realidad que conocemos de primera mano debe ser interpretada bajo un prisma ideológico, y ello requiere hacer de cada agrupación un espacio de formación permanente. La lectura y debate de los informes de los órganos superiores y su aplicación en su ámbito, la lectura colectiva de algún artículo de Mundo Obrero, o el estudio de los materiales formativos que deben ser suministrados por las distintas direcciones. Las secretarías de formación y debate deben ser mimadas. Estamos en momentos adecuados para explicar nuestra visión del mundo. La crisis explica muchas cosas. Y cuando se conocen pueden dar ganas de cambiarlas. Pero las respuestas no las encontraremos ni en los catecismos ni en los medios de comunicación de masas. Cada uno de los grandes procesos revolucionarios en los que podamos sentirnos reflejados ha sido precedido por un estudio en profundidad de la sociedad que se pretendía transformar. No estoy de acuerdo con convertir el partido en un think-tank de IU, en una especie de fundación en el seno de IU. Pero la actividad diaria, la praxis revolucionaria, debe ir precedida por la teoría y la estrategia revolucionarias.

En definitiva, pienso que merecer nuestra historia es algo que tenemos que ganar. Y si miramos nuestra historia y miramos la realidad que queremos transformar, estoy convencido que querremos un partido reflexivo sin ser pasivo, valiente, sin ser aventurero, decente sin ser puritano y atrevido sin ser frívolo.

El día 9 de noviembre no es aniversario de nada, sino el primer día del resto de nuestra Historia.

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