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Desde lo individual hacia lo colectivo

Jorge Román, Secretario General del Partido Comunista de Castilla León / nov 09

Publicado en el número 218 de Mundo Obrero perteneciente a noviembre de 2009

Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas e intenciones" versus "esto es política"
Ambas frases conforman una contradicción en ética y política pero ¿podemos resolverla?

Escribir puede convertirse, entre otros, en la expresión de lucimiento personal o en la competencia en el uso de términos cultos y refinados para analizar, describir o simplemente nombrar realidades, sin embargo, la situación en todos los órdenes, requiere que suenen más los hechos que las palabras.

Si en 4 años nos hemos dotado de todas las competencias salvo una y no hemos funcionado como el Partido que queríamos y creíamos que era, quizás se explique por el hecho de que la organización como tal no existía implantada en todo el territorio, ni siquiera en todas las capitales de provincia, en algunos casos, por incumplimiento de los acuerdos. Tampoco en muchos lugares existiendo organización, legalmente, no generaba actividad política y en la mayoría la situación financiera no estaba en sus mejores momentos.

Hasta aquí hechos, pregúntese el lector si con discursos desde Palacio se transforma esta realidad.

Heredamos con las luces y sombras la Historia del Partido y de ella hemos de aprender en perspectiva global: Es un hecho que el fracaso de nuestro proyecto político es fracaso propio y posiblemente originado desde nuestras filas, ¿se puede hablar de "filas" cuando no hemos estado organizados realmente como Partido durante años salvo en determinados lugares?

Más real será hablar de fracciones que por el hecho de serlo vulneraban los acuerdos, con distintas percepciones y diversos objetivos. Mientras el cumplimiento de los acuerdos de los órganos no sea real será difícil que funcionemos unitariamente.

En alguna ocasión he expresado que el único elemento de cohesión real en lo objetivo sería el debate y elaboración de un programa político-electoral desde y para el PCE por parte de los cientos de militantes reales que desean trabajar en nuestra organización, elemento que sin duda impulsaría lo subjetivo: dignificación, prestigio, rigor... ya que la razón precede a la ilusión.

La entidad que puede superar esa situación es la de un Partido independiente política, financiera y orgánicamente de cualquier otra estructura, bien sea otra organización o bien una superestructura.

Transformarnos en nosotros mismos conlleva una nueva política de convergencia, donde los órganos del Partido dirijan en tiempo real las decisiones de nuestros cargos públicos desde Villanueva de Duero hasta Bruselas.

En lo financiero conlleva la solidaridad interterritorial, la autofinanciación hacia la independencia, al menos en grado suficiente de los ingresos de los cargos públicos, duplicar estructuras en la mayoría del Estado es simplemente no conocer el Partido que existe actualmente.

Devolver el principal protagonismo ejecutivo a los órganos del Partido es eliminar ese complejo de culpabilidad que los comunistas nos hemos impuesto, sobrada autoridad moral tiene nuestra Historia para expresar al ciudadano nuestra solidez política. Si el PCE converge con otros individuos es para avanzar en posiciones programáticas y aglutinar entorno a un proyecto de Sistema, una Cosmovisión que supere el actual sistema.

Los comportamientos individuales que el capitalismo necesita están presentes en el Partido, si bien no de forma mayoritaria sí de forma notable, la ética en sentido clásico está íntimamente ligada a la política para un comunista, ambas conjuntamente han de determinar las actuaciones de los dirigentes y las bases con la firme voluntad de una regeneración en todos los órdenes, con la actual estructura también podría repetirse hechos pasados, no podemos basarnos en la lealtad de tal o cual dirigente comunista, de su honradez etc, nadie debe ponerlo en duda, sin embargo es una ingenuidad que el Partido deseche la rienda orgánica que vincula Partido con institución, es decir, la voz del cargo público ha de ser el cumplimiento estricto de la democracia del órgano del PCE correspondiente.

Este proceso no es posible de inmediato, no por ello ha de desecharse, del pesimismo se haría táctica a favor del inmovilismo pues necesitamos como condición necesaria aunque no suficiente unos comportamientos impolutos, con trasparencia, que se concretan en que el número de dirigentes con máximas responsabilidades no dependan en su vida individual de forma perpetua de salarios de IU, CCOO u organizaciones afines, sencillamente porque inmersos en una sociedad con altos grados de corrupción y lo que es aún peor, tolerancia social a la misma el Partido debe instalar su propio antivirus.

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