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Agora | Mundo Obrero - Tribuna XVIII Congreso del PCE


Debate, síntesis y unidad

Francisco de Asís Fernández, Secretario General del Partido Comunista de Asturias / nov 09

Publicado en el número 218 de Mundo Obrero perteneciente a noviembre de 2009

La celebración de su Congreso es el acto más importante en la vida de un partido democrático. De sus participantes depende hacer de él la foto en sepia de una liturgia consabida o la polémica creadora de un organismo vivo. No me cabe la menor duda de que el noventa y muchos por ciento de la militancia coincide en cuestiones básicas: el carácter de clase del Partido, su condición de parte del movimiento obrero; la utilización de método marxista de análisis y actuación; la voluntad antagonista o revolucionaria frente al sistema; el objetivo de un Estado republicano, federal y solidario que abra paso al socialismo; la necesidad de un Partido fuerte, soberano, vector de propuesta política universal, mediador social en cualquier ámbito, capaz de recuperar su condición de referente entre la clase trabajadora y el pueblo llano; la sensibilidad solidaria, internacionalista y antiimperialista; el empeño por construir un instrumento de convergencia político-social amplio y transformador que sea la expresión del bloque social de progreso frente al capitalismo con la contradicción capital-trabajo como eje vertebrador y la asunción activa de otras contradicciones y compromisos, tales como la lucha por la emancipación de la mujer o por el desarrollo sostenible del planeta, generando una nueva cultura… y así, seguramente, no pocas cosas más.

Pero, sentado esto, que constituye el fundamento de nuestra unidad y de nuestra propia condición de militantes de un mismo partido, lo que toca en un Congreso no es dedicarse a entonar tópicos y coincidencias. Los congresos no son juegos florales y los congresos de un partido comunista hoy no deben ser el "revival" de aquellos congresos del PCUS donde todos parecían de acuerdo con el politburó y nadie se apartaba de lo "congresualmente correcto".

Somos marxistas y conocemos el papel de la contradicción como motor de la historia y partera del progreso. Por ello, entiendo que en un congreso lo fundamental es la polémica, que no debe entenderse como factor de quiebra o desunión, sino como escalón necesario, previo a la síntesis sobre la que cimentar la unidad.

Por eso, lo útil ahora, desde esta Tribuna del Congreso, es acotar lo que cada uno entienda como aspectos más importantes de contradicción y proponer posición en el debate.

Vayan, pues, algunas acotaciones.

¿Socialismo del S.XXI? Pues no. El socialismo es un modo de producción y una formación social de transición al comunismo. No necesita apellidos. Nadie ha sido más crítico que el PCE acerca de experiencias socialistas en el S.XX. Pero, además, la expresión acuñada en América Latina por algunas teorías que nada tienen que ver con la tradición comunista induce a error. Alguien puede entender que tratamos de trasladar mecánicamente la experiencia bolivariana, que tanto valoramos, a la España de hoy. Y no es eso. Hablemos, si se quiere, del Socialismo en el S XXI o para el S XXI, pero no le adjudiquemos un "de" identitario o de pertenencia.

¿Cambios en la estructura de la clase trabajadora? Sí, claro. Por otra parte, siempre los ha habido. Siempre hubo fragmentación. Los trabajadores en paro ya eran con Marx "ejército de reserva", Lenin se refirió a la "aristocracia del Proletariado" y W. Mills escribía hace 50 años sobre los "cuellos blancos". Es cierto que aparecen nuevos fragmentos de clase y varía su correlación interna. Y eso está bien señalarlo para conocer el ámbito de actuación. Pero ¡cuidado! No vaya ser que los árboles tapen el bosque y que con tanto subrayar dualidades y fragmentos, perdamos de vista aspectos que confieren unidad "en sí", como clase, a los que venden su fuerza de trabajo y generan plusvalía.

Partido y movimiento obrero. Bien, no hay duda de que el PCE tiene un referente sindical histórico. De que el PCE ha de estar presente donde más predomine la presencia de la clase trabajadora. No Se olvida la apuesta del PC por penetrar incluso en el sindicato vertical del franquismo. Todo ello es cierto, como lo es la diferencia de aspectos básicos de la política sindical del Partido con la actuación, hoy por hoy, de las direcciones de los sindicatos mayoritarios. Por ello, hay que modular las cosas y se deben mantener referentes históricos y militancias preferentes, llevando allí las propuestas del Partido, pero sin negar las particularidades que puedan surgir en tiempos, lugares o empresas y que pueden determinar, como de hecho se da, otras militancias sindicales que no debemos demonizar, si sirven también para llevar allí, donde hay trabajadores, las propuestas del Partido.

PC e IU. Hay lo que hay. El PCE ha hecho de forma democrática y mayoritaria una apuesta por la Refundación de su proyecto de convergencia que en el conjunto del Estado sigue siendo IU. Ese proceso no ha concluido. Demos tiempo al tiempo, pero reconozcamos la legitimidad de las confianzas y de las desconfianzas sobre su resultado. Algunos entendemos que lo sustancial es la convergencia en sí, su construcción o su refundación y en ello ponemos el acento, contemplando el instrumento actual y su denominación como algo contingente. Pero a ese respecto conviene recordar que la política, incluso la más "pura" y basada en principios, se hace sobre las realidades y no al golpe de testimonios. Las posiciones políticas y el tiempo configuran una dialéctica insoslayable. La política posee sus "tempos". Estamos en este Partido, no en otro, con su trayectoria, sus usos, compromisos y servidumbres. Tendamos puentes, no cavemos grietas. En este Partido, formado por personas no por piezas de ningún ajedrez. Por las mismas razones, no se puede seguir pidiendo ,sin más, a algunos , por ejemplo en Asturias, lo que en un tiempo estuvieron dispuestos a dar, pero hoy, después de lo sufrido, ya no están en condiciones de asumir como si tal cosa, máxime cuando, todo continúa confuso e incierto.

Y tres apuntes más:
- La necesidad de superar una etapa en la que el PCE "negociaba" con afiliados suyos en función de sus "baronías" internas o externas. Los afiliados acatan los acuerdos, hasta los pueden discutir, pero no "negocian" con el Partido, independientemente del cargo que ejerzan.

- La necesidad de la síntesis como cimiento efectivo de la unidad necesaria. Síntesis como exclusión de rodillo, como voluntad de acuerdo y cesión mutua en proporción inversa y realista al respaldo militante.

- Llamamiento desde la ocasión de oro del Congreso a la unidad de tod@s los comunistas. Que nadie le arrebate al PCE esa hermosa bandera en el Estado español, ni la del acercamiento de los partidos comunistas en el plano internacional.

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