Llamamos a convertir este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora en una acción global antifascista y por la paz, porque nos va la vida en ello.
Desde el feminismo tenemos que seguir aportando los valores de la paz opuestos a la guerra que es la expresión de violencia patriarcal más extrema que existe. Y es que, aunque son muchas las desigualdades que requieren de transformaciones y cambios para que la agenda de los derechos se siga abriendo paso, la necesidad de un mundo en PAZ es lo que nos permite poder seguir avanzando en derechos e igualdades. Es por ello apelamos a la revolución de la vida cotidiana que representa el feminismo. Las que, sin quererlo, somos heroínas para que la vida digna se abra paso. El feminismo de la vida cotidiana, el que representan millones de mujeres todos los días en todos los lugares del mundo nos ha enseñado que la PAZ es un elemento imprescindible para poder vivir una vida digna de ser vivida.
Este mundo atravesado por el patriarcado y el capitalismo neoliberal, se expresa según los estereotipos y roles que se asignan al género masculino que nos lleva a un mundo que en vez de construir paz e igualdad abre la puerta al fascismo, desigualdad y guerra.
El feminismo y la paz han ido siempre de la mano porque la construcción de espacios seguros y de paz pasan necesariamente por espacios de igualdad, mientras que el fascismo se sustenta en la desigualdad porque cree que existen personas superiores a otras. El racismo, la xenofobia y el sexismo son un rasgo constitutivo del fascismo que promueve el desprecio y la opresión total contra todas las personas que consideran débiles y prescindibles.
El neofascismo de VOX tiene como estrategia negar las violencias y las desigualdades de género, y acusar a las feministas de feminazis, señalándolas como el peor enemigo para las mujeres. Nosotras queremos poner la vida en el centro y desplegar una agenda de derechos para todas las personas.
Sin embargo y ante el escenario de guerras bélicas como la de Ucrania en Europa y económicas contra Cuba o Venezuela, por ejemplo, de continuidad del genocidio en Palestina y de avance de la ultraderecha y el fascismo que lidera Trump, el recién elegido presidente de EEUU que ha firmado recortes de derechos a las personas migrantes y de minorías, al colectivo LGTBI y a las mujeres, es necesario centrar este 8M en la necesidad de la PAZ y la justicia social
La contradicción capital vida se agudiza y la lucha por la vida cobra más valor, por lo que el cuidado debe ser el eje central de nuestras reivindicaciones y tener el reconocimiento que merece. Cuidar la vida debe pasar a primer nivel de valoración en la sociedad. Se debe superar la naturalización de que el trabajo de cuidados siga recayendo en las mujeres de manera invisible y gratuita.
Las mujeres no queremos continuar siendo sobre explotadas con dobles jornadas de trabajo, queremos también disfrutar del cuidado, este entendido como derecho universal y no en exclusiva de quienes lo puedan pagar. Queda claro que es una cuestión de género y de clase. La desigualdad de las mujeres, fruto de la división sexual del trabajo, que se manifiesta en la brecha salarial, la de las pensiones, de los contratos a tiempo completo, de las tareas de cuidados, etc es una aplasta a las mujeres y las encadena al llamado suelo pegajoso. Realidad que tiene como resultado diversas opresiones desde la mirada interseccional. Superar toda estas opresiones y desigualdades requiere de una revolución feminista que ponga la vida digna de ser vivida en el centro.
En España según la última encuesta del CIS, las mujeres dedican casi 7 horas de media al día al cuidado de los hijos/as frente a menos de 4 horas que dedican los hombres, y la mayor parte de las excedencias por cuidado de hijos en 2023 fueron asumidas por mujeres (87%).
Reivindicamos un sistema público de cuidados y políticas que reviertan la falta de corresponsabilidad que consolida la desigualdad de género y dificulta la incorporación de las mujeres al mercado laboral a tiempo completo y al desarrollo de sus carreras profesionales en condiciones de igualdad.
El neofascismo que es misoginia pretende utilizar los cuerpos de las mujeres como campo de batalla. Nosotras decidimos sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas, Ni un paso atrás, nosotras parimos, nosotras decidimos. Aborto libre, gratuito y sin obstáculos.
Basta ya de guerras y de genocidio en Palestina donde mujeres, niñas y niños son el objetivo de la limpieza étnica. En estos escenarios no es posible desarrollar el cuidado, pero tampoco en los países que financian las guerras en detrimento de lo público.
Las mujeres que somos las que sufrimos la mayor desigualdad y la absencia de cuidado reivindicamos políticas radicales que garanticen derechos fundamentales como la vivienda, un trabajo digno y la corresponsabilidad en los cuidados.
En 2023, el salario medio anual de los hombres fue de 29.615 euros, mientras que el de las mujeres fue de 24.758 euros. Eso supone una diferencia de 4.856 euros entre la ganancia media anual de mujeres y hombres. El salario medio de las mujeres tendría que aumentar un 19,6% para igualar el salario medio anual de los hombres y, por tanto, ese sería el nivel actual de la brecha salarial de género en España (CCOO).
Queremos un mundo en paz con las mujeres que pasa por liberar a miles y miles de mujeres que invisibles sufren situaciones de esclavitud en la prostitución o sometidas por las redes de trata para explotación sexual y reproductiva, y a los matrimonios forzosos.
Urge recuperar del feminismo el lema «Ni guerra que nos destruya, ni paz que nos oprima». Las mujeres unidas este 8 de marzo, vamos a volver a ocupar las calles porque queremos un mundo alternativo con mirada feminista, en el que se defiendan los derechos humanos de todas las mujeres, se acabe con la feminización de la pobreza y se imponga el desarrollo de sistemas públicos de cuidados universales frente a la financiación de las guerras.
¡Viva el 8 de marzo!
¡Viva la lucha de las mujeres!
¡Femismo para vivir en paz!