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EDITORIAL Nº 271 - 100 AÑOS CON FIDEL, MEMORIA PARA EL FUTURO
Las razones de un centenario
El centenario del nacimiento de Fidel Castro constituye una oportunidad para la reflexión teórica y política. No se trata únicamente de conmemorar a una figura histórica de dimensión excepcional, sino de plantearse el significado profundo de su legado, y hacerlo en un momento en que el capitalismo atraviesa una crisis estructural prolongada, marcada por la desigualdad, la inestabilidad geopolítica que trata de resolver recurriendo a políticas agresivas de carácter ultrarreaccionario e incluso con resonancias fascistas.
Una primera cuestión a tener en cuenta es que Fidel no pertenece solo al pasado. Su pensamiento y su praxis son, en muchos aspectos, tremendamente actuales y continúan ofreciendo claves interpretativas y estratégicas para las fuerzas que combaten al imperialismo. Por ello este número monográfico de Nuestra Bandera propone una lectura rigurosa, crítica y actualizada de sus enseñanzas.
Fidel Castro conjuga como pocos la teoría revolucionaria y la acción política. Su liderazgo en la Revolución cubana no puede entenderse sin su capacidad para articular un proyecto nacional heredero de Martí, con vocación socialista, capaz de movilizar al pueblo cubano, en torno a un proyecto liberador. La Revolución de 1959 fue la culminación de un proceso de acumulación política, cultural y organizativa que encontró en Fidel a su principal catalizador. Su lectura del marxismo, creativa y alejada de dogmatismos, permitió situar la Revolución cubana en el nivel más importante de las batallas antiimperialistas del siglo XX.
En este sentido, una de las aportaciones más sólidas de Fidel es su concepción del antiimperialismo como principio básico de la política revolucionaria. Para él, la defensa de la soberanía de los pueblos era una condición material indispensable de cualquier proyecto socialista. La resistencia frente a la dominación externa, económica, militar y cultural se convirtió en un eje estratégico que trascendió las fronteras de Cuba y se proyectó hacia toda América Latina, África, y luego hacia el resto de lo que hoy se conoce como Sur Global.
Desde estos principios su concepto de solidaridad internacionalista nunca fue una idea retórica, sino que, por el contrario, se plasmó en prácticas concretas, desde las misiones médicas por todo el mundo hasta el apoyo a movimientos de liberación, pasando por la cooperación educativa y científica o la lucha contra el pago de la deuda externa. Esta dimensión internacionalista, inseparable de la identidad de la Revolución cubana, constituye hoy un referente imprescindible para quienes en todo el mundo luchan contra el imperialismo.
Pero la actualidad de Fidel no se limita al antiimperialismo. Su pensamiento económico merece una relectura atenta. Fidel comprendió que la construcción socialista en un país pequeño, bloqueado y dependiente de importaciones exigía una combinación flexible de planificación, innovación tecnológica e implicación en un proyecto regional. Su insistencia en la educación, la ciencia y la cultura como pilares del desarrollo no respondía a un idealismo voluntarista, sino a una visión estratégica. Solo un pueblo altamente formado podía sostener un proyecto socialista en condiciones de asedio permanente. En un momento en que el capitalismo digital concentra poder en manos de grandes corporaciones tecnológicas, la defensa del conocimiento y la investigación científica como bien público adquieren una gran relevancia que demuestra una visión estratégica fundamental.
Asimismo, su concepción del liderazgo político, profundamente vinculada al pueblo, nos presenta a un Fidel que se dirige permanentemente a la población para informar y movilizar, estableciendo una complicidad producto de una relación con las masas, construida a través de la comunicación directa, la ejemplaridad ética y la capacidad de interpretar las necesidades y aspiraciones populares. Fidel no dudaba en lanzarse a la calle para debatir directamente, cara a cara con el pueblo, cuando la ocasión lo requería. En un tiempo marcado por la desafección política, esta dimensión del liderazgo revolucionario invita a pensar las formas de articulación entre organización, militancia y ciudadanía para conseguir hacer frente a los retos que hoy tiene planteada la lucha antiimperialista derivada de unas condiciones geopolíticas cambiantes.
El centenario de Fidel coincide con un escenario internacional en transformación en la medida que la crisis de hegemonía estadounidense se acompaña del surgimiento de un movimiento de países emergentes que defienden proyectos de integración alternativa como la CELAC o el impulsado por los BRICS+, que reconfigura el mapa geopolítico. En este contexto, la lectura fidelista del concepto de solidaridad internacionalista, basada en la defensa de la soberanía, la cooperación Sur-Sur y la construcción de un orden multilateral más justo, adquiere una actualidad evidente. Por ello este número monográfico de Nuestra Bandera no pretende trasladar mecánicamente sus análisis al presente, sino que se plantea recuperar su capacidad para conseguir una combinación de realismo estratégico, audacia política y compromiso ético.
También queremos poner sobre la mesa cómo, para las fuerzas antiimperialistas y transformadoras europeas, el legado de Fidel plantea desafíos específicos, en la medida que, en sociedades marcadas cada vez más por la mercantilización de la vida, la fragmentación social y el avance de la extrema derecha, la experiencia cubana invita a repensar la centralidad del Estado social que garantice los derechos básicos de todo ser humano, al tiempo que nos interpela sobre la necesidad de construir proyectos políticos capaces de disputar al pensamiento neoliberal el sentido común, generar esperanza y articular mayorías sociales en torno a un horizonte emancipador. La Revolución cubana, demuestra que es posible construir alternativas incluso en condiciones adversas, siempre que exista voluntad política, organización y claridad estratégica.
Este número de Nuestra Bandera no pretende ofrecer una visión idealizada de Fidel Castro. Nuestro propósito es contribuir a un análisis riguroso y diverso, que permita comprender la complejidad de su figura y la riqueza de su legado. Fidel fue un dirigente excepcional, pero también un importante pensador político, cuya obra merece ser estudiada con seriedad. Su centenario es una oportunidad para hacerlo desde una perspectiva marxista, internacionalista y comprometida con las luchas del presente.
En un mundo atravesado por crisis múltiples como la económica, ecológica, o democrática, la pregunta por la posibilidad de un futuro socialista adquiere una urgente importancia. Fidel Castro, su lucha y su enseñanza, nos recuerda que la historia no está escrita de antemano y que la transformación social es siempre una tarea abierta. Este monográfico, más que un homenaje a una figura histórica, es, sobre todo, una invitación a estudiar, a debatir, a organizar y a imaginar nuevas formas de emancipación.
Finalmente, cabe resaltar que este número tiene un significado especial, en la medida que, para el Partido Comunista de España, Fidel Castro no ha sido nunca un referente político distante. Desde los primeros años de la Revolución cubana, el PCE reconoció en Fidel a un dirigente capaz de llevar a la práctica un proyecto socialista en condiciones extremadamente adversas, y Cuba se convirtió en un punto de apoyo internacional para el PCE, que entendió y entiende como propia la lucha por mantener viva la Revolución cubana. Esta relación histórica, basada en el respeto político y la coincidencia estratégica, otorga, como decimos, a este número de la revista un carácter especial que esperamos sea apreciado por quienes lo lean.
Revista de debate teórico y político editada por el Partido Comunista de España (PCE)
Directora
Marga Sanz
Consejo de redacción
Gloria Aguilar, Jaime Aja, Francisco Erice, María Iglesias, Pedro Marset, Javier Moreno, Manuel Monleón, Paula Navascués, Eduardo Sánchez, Mauricio Valiente, Marga Sanz.
Consejo editorial
Gloria Aguilar, Jaime Aja, Clara Alonso, Estela Álvarez, Nazanín Armanian, Joaquín Arriola, José Luis Centella, Elena Cortés, Francisco Erice, Marga Ferré, Paula Garvín, Eduardo Garzón, Belén Gopegui, Ramón Górriz, Julia Hidalgo, María Iglesias, José M. Mariscal, Pedro Marset, Manolo Monleón, Javier Moreno, Paula Navascués, Ángel Olmos, Isabel Peña Rey, Higinio Polo, Sol Sánchez, Eduardo Sánchez, Enrique Santiago, Marga Sanz, Anabel Segado, Pascual Serrano, Francisco J. Sierra, Cristina Simó y Mauricio Valiente.
Diseño y maquetación
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Corrección ortotipográfica
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Impresión
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ISSN: 1133-567X
Nuestra Bandera, la revista teórica y de debate del Partido Comunista de España (PCE) apareció el 15 de julio de 1937 en Valencia, en plena Guerra Civil, debido a la necesidad de armar ideológicamente y formar a la militancia comunista en la defensa de la Republica y la democracia, en una situación tan difícil como fue la Guerra Civil.
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