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Nº 251 - Sumario
Socialismo verde: respuestas urgentes ante la crisis

A pesar de que el decrecimiento lleva hablándose y teorizándose desde hace varios años, sin duda en este último año vuelve con fuerza. Por una parte, los datos sobre el impacto del cambio climático y cómo este parece acelerarse más de lo previsto inicialmente y las dramáticas cifras de contaminación y pérdida de recursos naturales. Por otra, la pandemia que todavía sufrimos, junto a la perspectiva de otras posibles pandemias de origen zoonótico en el futuro, fruto de la destrucción de ecosistemas, la pérdida de biodiversidad y la mayor vulnerabilidad sobrevenida de grandes colectivos humanos por agresiones diversas (guerras como la de la «gripe española» de 1918 o la precariedad extendida tras la crisis financiera de 2008, etcétera) han puesto de manifiesto que ya no basta con un desarrollo sostenible o con lo que llaman un crecimiento verde: estamos ya asistiendo a una pérdida de recursos o, por decirlo de otra manera, estamos ya asistiendo a un decrecimiento en cuanto a elementos sustanciales para la vida: el agua, las tierras fértiles, la biodiversidad, los recursos fósiles o las materias primas necesarias para el desarrollo tecnológico… son algunos de los ejemplos de estos elementos.

Quienes apuestan por el decrecimiento como salida, a pesar de las diferencias que pueden existir en cuanto a su concepción, coinciden en que este pretende la disminución de la producción económica con el objetivo de establecer una nueva relación de equilibrio entre el ser humano y la naturaleza, pero también entre los propios seres humanos entre sí.

Comparten, también, el convencimiento de que sin reducir la producción económica, responsable de la disminución de los recursos naturales y la destrucción del medio, es imposible la conservación del medio ambiente. Cuestionan, en este sentido, no solo el modelo económico capitalista por ser, en esencia, el que encarna el afán de crecimiento ilimitado en un planeta con recursos limitados, sino, también, el estilo de vida consumista —efectivo o aspiracional— en el que estamos o queremos estar inmersos (nos referimos, claro está, a aquellos países y clases sociales que pueden permitírselo).

Por tanto, quienes apuestan por el decrecimiento proponen una disminución del consumo y la producción controlada y racional, cuya transición se realizaría mediante la aplicación de principios más adecuados a una situación de recursos limitados.

El mero hecho de aceptar una limitación en la producción de mercancías plantea ya el meollo del debate, puesto que, si no es el núcleo del modelo el crecimiento de mercancías en el mercado, esa variable ha de ser fruto de una decisión colectiva, debatida y consensuada. La planificación reaparece como guía que afecta a esa producción concreta y al conjunto de elementos implicados. Ya no será Wall Street el que oriente la producción económica, sino la representación de la voluntad democrática.

Pero nos equivocaríamos si pensáramos que el capitalismo no es consciente de este descenso de recursos y la necesidad de decrecer en términos materiales. Solo que pretende hacerlo de la misma manera que concibe los derechos: solo habrá para quien pueda pagarlo. Y estos serán cada vez menos.

En este número de Nuestra Bandera pretendemos abordar el debate y reflexionar sobre qué significa el decrecimiento y cómo podemos plantear un futuro en el que este no siga siendo planificado por el capitalismo. Para ello, hemos querido repasar los distintos sectores y servicios que se verán afectados y tratamos de poner sobre la mesa las principales medidas que habremos de poner en marcha.

Algunos de los puntos ya están siendo objeto de un fuerte debate, como es el caso de la energía, dado que el horizonte de 100 % renovables que nos fijamos es imposible cumplirlo sin disminuir el gasto actual y el ritmo de crecimiento.

La gestión de los residuos, la economía circular y la recuperación de las materias primas necesaria para mantener la producción de distintos elementos es otro de los temas clave en este debate, junto a la reflexión profunda de qué modelo alimentario hemos de poner en pie para evitar seguir perdiendo tierras fértiles y agotando recursos que nos pongan en peligro real.

Abordamos el modelo sanitario, de servicios, de cuidados y el modelo industrial, así como la necesaria reforma fiscal que puede llevarnos a planificar todo esto. Sin olvidar, por supuesto, una de las cuestiones que más preocupan y con razón: el modelo de relaciones laborales y la ineludible reivindicación de trabajar menos para trabajar todas y todos. Si, como sabemos, es imposible mantener el ritmo de producción y consumo actual, también es imposible aspirar a un pleno empleo de cuarenta horas semanales en nuestro ámbito. Es evidente que esta ausencia de futuro para la juventud no puede ser el legado de la sociedad «occidental» que luchó contra el fascismo o que alumbró esperanzas con las revoluciones socialistas. Se convierte en necesidad la asunción de mecanismos de planificación basados en la solidaridad y el bienestar de la humanidad. Es hora de que la regulación internacional no dependa de una Organización Mundial del Comercio, sino de una ONU guiada por un marco de valores totalmente diferente.

El reto ahora es definir cómo redistribuimos empleo y riqueza, en qué sectores y cómo llevarlo a cabo sin perder, aún más, capacidad adquisitiva. Pensando, además, no solo en un entorno eurocéntrico, sino planetario: ¿cómo hacerlo para que quienes no llegan a los mínimos vitales puedan alcanzar mejores cotas de bienestar? Y todo ello con la mirada puesta en la batalla cultural que desafiamos: acabar con el modelo de consumo desbocado, este modelo absurdo por el que valemos tanto como nuestra capacidad de consumir cosas que no necesitamos.

Es un tema complejo, apasionante y produce angustia en muchas personas, que ven cómo, ahora mismo, llegan a fin de mes a duras penas y su acceso a bienes y servicios está francamente limitado. Pero hemos de ser valientes y empezar a poner medidas a debate para construir una alternativa a este sistema destructor del planeta y de nuestra vida.

Desde Nuestra Bandera aportamos a la reflexión este número, con el que pretendemos empezar a hablar de qué implica el decrecimiento y cómo podríamos iniciar el camino hacia una verdadera transición ecosocial desde el convencimiento de que el socialismo al que aspiramos tendrá que partir de un análisis descarnado de la realidad actual y el futuro de colapso al que nos asomamos para garantizar que construimos un sistema de fuertes pilares que nos lleve a universalizar los servicios y alcanzar una vida digna para todos y todas.

Para nosotras es evidente que solo el socialismo garantizará una vida digna para todas. Pero ahora necesitamos recorrer un paso más: entender que esta construcción, para que sea realmente sostenible en el tiempo y llegue a todas, independientemente de dónde vivan, ha de hacerse bajo una nueva perspectiva de redistribución de riquezas y recursos, cada vez más escasos. Y todo ello dentro de un nuevo orden internacional multilateral, justo, solidario, igualitario y en paz, imprescindible para una nueva organización de la vida.

El cambio de modelo económico que precisa el decrecimiento es una tarea que implica una participación democrática de la ciudadanía de dimensiones enormes y de composición política e ideológica obligatoriamente diversa. A su vez, ha de ser en sí mismo de dimensiones suficientes como para poder convertirse en beneficioso para toda la humanidad, con cooperación heterogénea, garantizando flexibilidad suficiente y máxima coordinación. No es posible perseverar en un tipo de conducta homogénea. Por último, ha de ser una tarea apoyada en los avances éticos de la humanidad consciente, a través de las organizaciones internacionales pertinentes. Supone, en definitiva, entrar en una nueva etapa de la sociedad humana que recorra el paso desde la confrontación hacia la cooperación.

Con el interés de abordar este debate, Nuestra Bandera pone a disposición de sus lectores y lectoras un conjunto de trabajos que lo acometen, completando su contenido con las secciones habituales y manteniendo la contribución a la conmemoración del centenario del PCE.

De esta forma, la sección POLÍTICA se abre con el trabajo de Eva García Sempere «¿Quién teme al decrecimiento?», que introduce el significado de «decrecimiento» y algunas fuentes de las que parte, así como algunas de las cuestiones en las que convergen los distintos puntos de vista que existen, con el objetivo de centrar qué debería describir el decrecimiento que queremos desde un punto de vista marxista y ecofeminista. Asimismo, se repasa algunos de los puntos más conflictivos y los debates que existen actualmente sobre la cuestión, tomando como punto de partida la situación actual medioambiental a nivel planetario, que cualquier construcción socialista deberá tener en cuenta si pretende ser creíble y sostenible en el tiempo.

Sigue «El movimiento a favor del decrecimiento», de Joaquim Sempere, donde explicita una gran contradicción del industrialismo capitalista, que, combinando innovación técnica con combustibles fósiles, ha aportado abundancia y mejoras sin precedentes, pero a costa de destruir la biosfera y saquear los recursos minerales. Expone que seguir creciendo solo conduce al abismo: hace falta decrecer. En este texto se repasan algunos análisis y propuestas de decrecimiento.

En «Repensar la economía en la crisis ecosocial. Esbozos para una transición ecosocialista», Santiago Álvarez Cantalapiedra caracteriza el momento actual de crisis general, donde sus múltiples dimensiones y sus interconexiones están íntimamente ligadas a la forma en que el capitalismo se estructura, funciona y se reproduce y, en particular, con la forma en que se inserta en los sistemas sociales y naturales de los que forma parte. Plantea que el esbozo de un programa ecosocialista de transición debe arrancar de un diagnóstico certero de esa situación.

Paula Navascués, en su artículo «Ciencia y tecnología necesarias para una transición ecológica decrecentista», plantea que la situación climática actual nos obliga a tomar partido en los debates de transición ecológica y decrecimiento. En este sentido, se pregunta qué papel deben jugar ciencia y tecnología para un proceso favorable para la clase trabajadora. ¿Es necesaria toda la tecnología disponible? ¿Hacia dónde deberíamos dirigir el desarrollo tecnocientífico?

«Alternativas para reducir el impacto sobre la biodiversidad en nuestra forma de producir y consumir» da título al trabajo de Pablo Jiménez donde constata la pérdida de biodiversidad como un hecho innegable denunciado por el IPBES, que alertaba en 2019 sobre la posible extinción de un millón de especies de aquí a finales de siglo, provocada por las actividades humanas. En este artículo se pretende dar alternativas al modelo de producción y consumo actual propiciado por el capital, que está en la base de la situación actual de emergencia ecológica.

En «Consumo energético y decrecimiento: por qué no es posible mantener los niveles de consumo energéticos actuales ni con energías renovables», Álex García constata que la teoría del decrecimiento no es especialmente brillante ni tampoco es muy popular y, sin embargo, es simple y tan necesaria como revolucionaria. El planeta se dirige hacia un crecimiento muy importante de la población mundial y a un aumento más que notable del consumo energético en un contexto de emergencia climática. El sistema, sin embargo, fía la solución a una suerte de capitalismo verde digital basado en la implantación masiva de energías renovables. No obstante, señala, esto posiblemente no sea ni suficiente ni posible, ya que depende de unas materias primas críticas que son escasas.

«¿Podemos colapsar mejor?» es un trabajo conjunto de Francisco del Pozo Campos, Jesús Garrido Martínez y José Eduardo García Díaz. El artículo responde, a modo de guía de introducción, a las cuestiones habituales que surgen al enfrentarnos al colapso civilizatorio por primera vez. La idea principal es que estamos en una bifurcación de caminos: uno hacia sociedades liberadoras e igualitarias, el otro hacia la extinción del ser humano.

En opinión de Timothée Parrique y Giorgos Kallis, autores de «El decrecimiento: socialismo sin crecimiento», si la ideología del crecimiento es el motor del capitalismo y base de explotación social y medioambiental, el objetivo debería ser el socialismo sin crecimiento, y defienden que el nivel de vida puede mejorar sin crecimiento si las riquezas y nuestro tiempo se distribuyen y comparten. Mantienen que el socialismo y el decrecimiento son dos conceptos poderosos para criticar el capitalismo y plantean que hay que adherirlos en lugar de oponerlos.

Iria Costela Peña aporta al debate «Decrecimiento en el modelo agroganadero español», un artículo que trata de explicar las claves que han llevado al sector agroganadero español a estar donde está, los motivos por los que un decrecimiento parece ya ineludible y las propuestas para lograr que este sea justo, democrático y ordenado, y tenga en cuenta tanto a personas productoras como a consumidoras.

«Desigualdad, empleo y decrecimiento económico» es el trabajo de Vicente López, donde plantea que el crecimiento económico se sustenta en la explotación de los recursos de nuestra biosfera y, dentro de ellos, también de las personas para conseguir ese ansiado beneficio económico que mantenga de forma indefinida el proceso de acumulación de capital. El decrecimiento debe ser resultado de la lucha contra la desigualdad, la pobreza y la precariedad.

Clara Alonso Jiménez en su artículo «Cuidar lo común» se pregunta si tiene algo que ver la sobrecarga de trabajo de cuidados de las mujeres con el capitalismo. ¿Qué tienen en común el trabajo reproductivo y la relación del capitalismo con la naturaleza? Sobre estas cuestiones reflexiona en su trabajo, una mirada sobre las condiciones primordiales de posibilidad del capitalismo mismo.

«El gasto sanitario frente a la inversión en salud. La salud en un contexto decrecentista», de Carmen Franganillo, plantea que en una sociedad capitalista donde el crecimiento continuo en el consumo es fundamental para el sostenimiento del sistema, pero a la vez insostenible, se agudizan las contradicciones de quienes quieren hacer de la salud un negocio. ¿Es necesario invertir más en sanidad en los países con mayor desarrollo?

Carlos Sánchez Mato, en «Una reforma fiscal para hacer las paces con la naturaleza. Equidad para reemplazar al crecimiento», plantea que abordar la crisis climática, la pérdida de biodiversidad y la contaminación requiere reducir el tamaño de determinados sectores de la actividad económica que son nocivos desde el punto de vista ecológico y social. Hacer las paces con la naturaleza supone abordar el reparto de las rentas e implementar una reforma fiscal.

«Apuntes para la recuperación de la sostenibilidad en el hábitat humano» es el trabajo de Pablo Beltrán, donde expone que las grandes aglomeraciones y las actividades que se desarrollan en ellas son las máximas culpables de la insostenibilidad de nuestro sistema socioeconómico, consecuencia, fundamentalmente, de la forma que tienen. En opinión del autor, si queremos un mundo habitable, no basta con incidir en la economía o en los hábitos sociales: es necesario transformar el soporte físico que les da cabida.

Juan José Guirado en «El transporte: de la movilidad a la accesibilidad “sostenible”» caracteriza el transporte como una actividad imprescindible. En ella, líneas y nudos de su compleja red requieren un correcto diseño para optimizar tiempos, ahorrar energía y disminuir emisiones contaminantes, pero esas buenas intenciones se aplazan una y otra vez. En su opinión, hay un factor que se obvia que nos dice que el tiempo se acaba: la crisis energética.

Xabier Pombo, desde la necesidad imperiosa de decrecer, en «La economía circular: una reflexión desde la izquierda ecosocialista» plantea la necesidad de trabajar todos los aspectos de la economía circular desde la mirada de la izquierda ecosocialista, basada en el respeto al medio natural en el que vivimos, en una profunda planificación de lo esencial, en el reparto justo de los recursos y en una vida en la que tengamos en cuenta que lo que nosotros utilizamos no puede basarse en la explotación de otros ni en la explotación de recursos naturales de forma innecesaria. Mantiene que la nueva revolución viene de la mano de una naturaleza que se rebela contra la sobreexplotación del planeta.

En «Nuevos modelos de ocio y cultura», Amadeu Sanchis y Raúl Febrer parten de que la cultura y el ocio no deben ser una simple moneda para obtener beneficio económico, como entiende el capitalismo. Pero hay que dignificar los sectores culturales en lo laboral y en lo económico, desde la inversión pública. Una apuesta por la cultura inclusiva para todos y desde todos.

Para cerrar la sección, bajo el epígrafe «China: sociedad, medio ambiente y cooperación internacional. Explorando vías hacia una sostenibilidad compartida mundial», Lucas Gutiérrez conversa sobre China y decrecimiento con Manuel Ruiz, profesor titular de Ecología jubilado de la Universidad Autónoma de Madrid.

La sección de CULTURA cuenta con el artículo de Manuel García «Arte y militancia», donde reflexiona sobre la obra de una serie de artistas españoles respecto al franquismo y conflictos del siglo XX (Oriente Medio y Vietnam) con referencias a artistas europeos y españoles como Arroyo, Genovés, Ibarrola y el Equipo Crónica, el Equipo Realidad y el Equipo Límite.

«De la Agitprop a la política de comunicación con Manuel Vázquez Montalbán. Cómo escribir en Mundo Obrero, establecer una buena política de comunicación y penetrar en los medios hegemónicos» es un trabajo de José Manuel Martín Medem relativo al libro Cambiar la vida, cambiar la historia, de la Editorial Atrapasueños, que reúne los artículos publicados por Manuel Vázquez Montalbán en Mundo Obrero. En opinión del director de Mundo Obrero, dicho libro no es el resultado de una arqueología periodística para recuperar sus papiros. Es una pedagogía imprescindible para nuestra alfabetización mediática: Manuel Vázquez Montalbán nos enseña cómo escribir en Mundo Obrero, avanzar desde la agitación y la propaganda hacia la política de comunicación y aprovechar las brechas en el sistema hegemónico de la información venérea. En su artículo «Antología para un periodismo del futuro», Francisco Sierra nos ofrece una visión e interpretación de la gigantesca obra de Manolo Vázquez Montalbán sintetizada en diez puntos: 1) la estructura de la información como poder, 2) los desequilibrios de esa información como falta de democracia, 3) la actualidad de sus escritos al criticar la cultura del estraperlo, 4) la persistencia de la violencia («Viva la muerte»), 5) el lugar geopolítico al que nos arrincona la construcción de la UE con Maastricht, 6) la necesidad de un pensar contracorriente, 7) frente a la tecnocracia, «pensar contracorriente», 8) una alternativa democrática, 9) de progreso y 10) la épica del papel de la información en la construcción del futuro.

Por último, en «Nuestros momentos no se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia. Sesenta años de la revista Nous Horitzons» el director de dicha publicación, Marc Rius Piniés, relata y considera, en el aniversario sobre el papel de esta revista nacida en la clandestinidad por iniciativa del PSUC, sus seis décadas como reflejo de una cultura política y de los grandes debates de la izquierda. Un espacio de reflexión al servicio de la acción política transformadora.

La sección AUTOR INVITADO aborda el análisis de la corrupción en el sistema capitalista y sus implicaciones en distintos órdenes de la vida. En este sentido, contamos con el trabajo de Juan Moreno «Caso Bárcenas, anatomía de la corrupción», donde el autor desgrana los principales hitos del más grave caso de corrupción destapado en nuestro país en los últimos años, causa judicial en la que el papel de la acusación popular ha sido clave. Al hilo de la historia del caso, el autor hilvana las componendas corruptas que se dan entre el poder económico y político en el modelo capitalista.

La sección CENTENARIO DEL PCE aborda el período 1939-1955 en la vida política del Partido Comunista tanto en la inmediata postguerra como en el período que se abre tras la Segunda Guerra Mundial. Para la inmediata postguerra, contamos con los trabajos de Ramón García Piñeiro y de Carlos Fernández Rodríguez. Ramón García Piñeiro aporta «Diez días felices, diez años amargos. La Operación Reconquista en la estrategia insurreccional del PCE». El autor desgrana la táctica comunista en la década de los cuarenta, en la que el PCE supuso que podría derribar el régimen de Franco mediante una combinación de actividad guerrillera en el interior, levantamiento popular y apoyo armado desde el exterior, pero —expone— los componentes de este engranaje insurreccional solo se movilizaron durante la denominada Operación Reconquista. Aunque la intentona se saldó con un fracaso y fue utilizada para desencadenar una purga política, no por ello se alteró una estrategia opositora basada en dos quimeras: la vulnerabilidad del franquismo y la predisposición de los españoles a sublevarse. «El PCE tras la Guerra Civil. Las diversas reestructuraciones y la lucha clandestina» es el trabajo de Carlos Fernández Rodríguez, donde plantea que, al finalizar la Guerra Civil española, el PCE lideró la oposición antifranquista en un momento histórico de represión, fragmentación del partido —con tres direcciones más la interior del país—, reorganizaciones clandestinas, divisiones y luchas internas por el poder. En ese combate antifranquista, la militancia comunista luchó desde la clandestinidad contra el fascismo en la década más dura y autoritaria de la dictadura franquista.

Adentrándose en el final de los cuarenta, el artículo de Mirta Núñez Díaz-Balart «Una década sin épica» analiza cómo el PCE reajusta su programa para llegar a una población que empieza lentamente a despegar de la miseria inducida por la dictadura franquista. Se abandona la guerrilla y se sitúa como objetivo las acciones colectivas. La nueva línea política del partido empuja al entrismo en los organismos del régimen. La pérdida de densidad ideológica se compensa con la apertura a sectores más amplios de población. Pero señala que la dictadura sigue siendo feroz en su represión y se ejecuta con frecuencia abismal en paredón o a garrote. En el ámbito internacional —indica—, Estados Unidos, tras el triunfo aliado en 1945, corre un velo sobre las alianzas pasadas entre Franco, Hitler y Mussolini a cambio del establecimiento de bases militares norteamericanas en territorio español.

Cerrando la sección, en Documentos Centenario se aporta la resolución del Pleno del Comité Central del PCE de agosto de 1956, «Sobre los cambios en la táctica del partido para lograr la reconciliación de los españoles y acelerar la caída de la dictadura del general Franco por la vía pacífica», y el manifiesto estudiantil «A la huelga», hecho público en Madrid el 1 de abril de 1956.

Por último, la sección LIBROS, donde contamos con la reseña de Joaquín Arriola sobre la obra de Francisco Fernández Buey Sobre izquierda alternativa y cristianismo emancipador y la de José M. Mariscal Cifuentes sobre Así empieza todo. La guerra oculta del siglo XXI, de Esteban Hernández.

Para acabar, Nuestra Bandera agradece el asesoramiento y ayuda recibidos de Eva García Sempere y de Pedro Marset, fundamentales en la conformación de los contenidos de este número; igualmente, el trabajo a las autoras y autores de las contribuciones que se aportan, así como el de quienes han posibilitado que estas páginas vean la luz.

2021

Nº 250  - Todos los artículos en .pdf

 

2020

Nº 249 - Sumario

Nº 248 - Sumario

Nº 247 - Sumario

Nº 246  - Todos los artículos en .pdf


2019

Nº 245 - Sumario

Nº 244- Sumario

Nº 243- Sumario

Nº 242- Sumario


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Nuestra Bandera, la revista teórica y de debate del Partido Comunista de España (PCE) apareció el 15 de julio de 1937 en Valencia, en plena Guerra Civil, debido a la necesidad de armar ideológicamente y formar a la militancia comunista en la defensa de la Republica y la democracia, en una situación tan difícil como fue la Guerra Civil.
 

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