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Frente a la barbarie imperialista, multilateralismo, cooperación e igualdad soberana
Vivimos un momento histórico en el que la arquitectura internacional construida tras la Segunda Guerra Mundial para evitar que se repitiera la barbarie atraviesa una crisis profunda, quizá la más grave desde la Cumbre de San Francisco que aprobó los principios fundacionales de las Naciones Unidas.
No se trata esta vez de un reajuste geopolítico o de una pugna entre potencias que se disputan la hegemonía o de una tensión entre potencias emergentes y potencias declinantes. Lo que está en juego es algo más estructural, la disputa entre dos concepciones antagónicas del orden mundial.
Por un lado, la que defiende un multilateralismo sin potencia hegemónica, sustentado en reglas compartidas, instituciones estables y mecanismos de cooperación basados en el beneficio mutuo que reconozcan la pluralidad de actores y la diversidad de intereses.
Por otro, el intento de demoler toda la arquitectura internacional existente para imponer un orden unipolar, sin más norma que la voluntad del más fuerte, ni más instituciones que aquellas creadas ad hoc para proteger los intereses de las grandes potencias imperialistas, como ha ocurrido con la junta que pretende encargarse de controlar Palestina para terminar el trabajo de exterminio del pueblo palestino que lleva años ejecutando Israel. Esta tensión que el imperialismo siempre ha tratado de mantener por todos los medios adquiere con la vuelta a la Casa Blanca de Trump un carácter netamente fascista.
La globalización neoliberal, que prometía desarrollo y prosperidad compartida, ha dejado tras de sí un paisaje de desigualdades extremas, vulnerabilidades sistémicas y desconfianza generalizada. La crisis financiera de 2008, la pandemia de covid-19, la guerra en Ucrania, el ascenso de China, la fragmentación de la Unión Europea, la crisis climática y el resurgimiento de nacionalismos agresivos han acelerado un proceso de reconfiguración del poder global.
En este contexto, la pregunta central no es solo quién dominará el mundo, sino qué tipo de mundo será posible. No es exagerado plantear que el orden internacional surgido tras 1945, con todas sus limitaciones, contradicciones y sesgos, representó un intento de evitar la barbarie que supuso la Segunda Guerra Mundial con sus millones de muertes y de destrucción de gran parte del planeta.
La Carta de las Naciones Unidas y la Declaración Universal de los Derechos Humanos, las convenciones sobre refugiados, los tratados de desarme, los mecanismos y la proliferación de organismos especializados constituyeron un entramado normativo que, aunque imperfecto y en cierto modo manipulado y utilizado por las potencias dominantes para colonizar al resto del planeta, evitó la repetición de un enfrentamiento global. Evidentemente, ese orden no eliminó la violencia ni la desigualdad, pero introdujo un principio que podemos llamar civilizatorio: la fuerza no podía ser la única fuente de legitimidad.
Hoy ese principio está siendo vulnerado con total impunidad por unos EE.UU. que aspiran a mantener su hegemonía mundial por medio de una estrategia de desmantelamiento selectivo de las instituciones internacionales a la que se suman la retirada de acuerdos internacionales, el bloqueo de organismos, la instrumentalización de sanciones económicas y la proliferación de coaliciones y de foros excluyentes, con la voluntad de imponer un orden basado en la unilateralidad, la coerción y la ley del más fuerte.
Las guerras arancelarias, las injerencias en Venezuela y Cuba, las amenazas a Groenlandia o Irán, la crisis de la Organización Mundial del Comercio, el bloqueo de la reforma del Consejo de Seguridad de la ONU, el aumento del gasto militar de la OTAN, son campos en los que Trump intenta imponer su modelo unipolar de ordenamiento internacional.
Frente a esta deriva, se ha ido articulando un discurso, y en algunos casos una práctica, que reivindica un multilateralismo sin hegemonía desde alianzas que, como los BRICS+, tratan de desarrollar junto a la defensa de los principios de la Carta de Naciones Unidas.
No se trata de idealizar un mundo sin conflictos ni de negar la existencia de relaciones de poder, sino de afirmar que la estabilidad internacional solo puede construirse sobre la base del respeto mutuo, la cooperación y la igualdad soberana. Este enfoque reconoce que el mundo es irreversiblemente plural, que existen múltiples articulaciones territoriales, múltiples modelos de desarrollo, múltiples identidades culturales y múltiples aspiraciones políticas. Esta concepción del orden internacional implica una transformación profunda de las instituciones internacionales. Supone democratizar la gobernanza global, ampliar la representación de los países del Sur, fortalecer los mecanismos de cooperación Sur-Sur, reformar el sistema financiero internacional, garantizar la autonomía de los organismos multilaterales frente a las presiones de las grandes potencias y promover un derecho internacional que no sea selectivo ni instrumentalizado.
Implica también reconocer que los desafíos globales, la crisis climática, las pandemias, la desigualdad, la seguridad alimentaria, la regulación tecnológica, no pueden abordarse desde la lógica del dominio, sino desde la lógica del bien común.
Asimismo, consolidar el multilateralismo requiere una comunidad internacional en la que la opinión pública juegue un papel fundamental en la legitimación o deslegitimación de las instituciones internacionales. En un mundo saturado de desinformación, es imprescindible fortalecer la educación para la paz, la cultura del diálogo y la comprensión de la interdependencia global.
En consecuencia, la disputa entre el multilateralismo sin centro de poder hegemónico y el proyecto unipolar imperialista de rasgos fascistas es una cuestión de modelo civilizatorio. ¿Queremos un mundo regido por la ley del más fuerte, donde la violencia militar, económica o tecnológica sea el principal instrumento de poder? ¿O queremos un mundo basado en reglas compartidas, en instituciones legítimas, en la cooperación y en el reconocimiento de la dignidad de todos los pueblos?
La respuesta a estas preguntas definirá el siglo XXI; por eso este número de Nuestra Bandera no es neutral: toma partido en la defensa de un futuro de paz y progreso para la humanidad en el que se puedan desarrollar las soberanías de cada pueblo, sin injerencias. En definitiva queremos que este número ayude a dar la batalla ideológica para resolver positivamente la disyuntiva que nos planteó Rosa Luxemburgo entre socialismo o barbarie.
En este marco de disputa entre dos concepciones antagónicas del orden mundial, y desde la defensa de un orden multilateral, de cooperación, respeto mutuo e igualdad soberana, se sitúan las aportaciones de la sección POLÍTICA, que, bajo el epígrafe «Multilateralismo para un nuevo orden internacional», titula a su vez a la revista.
Esta cuenta con la pluma de Atilio Borón, sociólogo y politólogo argentino que, con su trabajo «Trump y la imposible resurrección del unipolarismo norteamericano», analiza las distintas actuaciones de Trump que tratan de terminar con un orden mundial basado en reglas y se refiere a las enseñanzas de la historia aplicadas a nuestra actualidad, en las que, pese a aparentes victorias, el imperio acabó derrotado. También con la de Yang Na, profesora de la Escuela de Gobierno Zhou Enlai y directora del Instituto de Asuntos Globales de la Universidad Nankai, quien aporta una detenida reflexión sobre las vías de cooperación entre China y la UE en «Análisis de la securitización de las relaciones de la UE con China y las vías de cooperación China-UE».
Yuri Klimenko, embajador de la Federación de Rusia en España, en su aportación «La diplomacia rusa en la época de la reestructuración del sistema mundial» hace un profundo análisis de la difícil situación internacional desgranando las intervenciones de EE.UU. en esta era de Trump, contrarias al derecho internacional, y plantea la apuesta de su país a favor del multilateralismo, el apoyo a organismos como los BRICS y otros situados en esa concepción de las relaciones internacionales, el respeto a la soberanía de los diferentes pueblos, con unas NN.UU. reformadas que jueguen un papel activo en la resolución de conflictos por medio del diálogo.
«De la prohibición de la guerra a la normalización de la ilegalidad: La demolición progresiva de la arquitectura internacional surgida tras 1945 (1999-2025)» es el trabajo de Willy Meyer, donde analiza cómo el orden internacional construido tras la Segunda Guerra Mundial ha entrado en crisis y se «evidencia un proceso sostenido de erosión del derecho internacional, desde la intervención en Yugoslavia en 1999 hasta las políticas contemporáneas de Estados Unidos bajo el mandato de Donald Trump». Defiende «un sistema que vuelva a priorizar la legalidad universal y limite la hegemonía unilateral», por medio de una democracia internacional basada en el «modelo de Estado constitucional diseñado por la Carta de las Naciones Unidas».
José Luis Centella, presidente del PCE, en su artículo «En un mundo en transición: La defensa de las soberanías, el multilateralismo y la reconstrucción del internacionalismo», defiende la construcción de un nuevo orden basado en reglas multilaterales, respeto a la soberanía de los pueblos y beneficio compartido frente a la ley del más fuerte. La necesidad de hacer frente al nazifascismo encabezado por Trump requiere recuperar el internacionalismo, la coexistencia pacífica adaptada a nuestros tiempos, que en su opinión no puede limitarse a la mera tolerancia mutua, sino que «necesita ir acompañada de mecanismos activos de defensa del derecho internacional, de respuestas colectivas tempranas y de una comprensión renovada de la relación entre soberanía nacional y responsabilidad global».
Maite Mola, secretaria de Relaciones Internacionales del Partido de la Izquierda Europea, clama por Venezuela ante el secuestro del presidente Maduro y de Cilia Flores, exigiendo su liberación inmediata y analizando la ilegalidad del hecho y la conculcación del derecho internacional. Cita a Cuba, al presiente Petro, entre otros amenazados por Trump, y desta el papel de China en la lucha antiimperialista, a la vez que defiende un mundo multipolar frente a un presidente que campa sin ataduras.
«El imperialismo como categoría analítica para entender el presente» es el trabajo que nos trae Marga Ferré, copresidenta de transform! europe, en el que destaca que la ofensiva de la administración Trump contra Cuba y Venezuela es la punta de lanza de una reconfiguración imperial que busca recolonizar América Latina, disciplinar a Europa y contener el ascenso del Sur Global, en general, y de China en particular. En su opinión, para poder comprenderlo se necesita recuperar categorías analíticas como imperialismo, neofascismo o monopolio. «Hacerlo, además, desde la defensa de Venezuela y Cuba no como solo como gesto solidario, sino como exigencia estratégica».
Pablo Checa Ledesma, economista y exministro de Trabajo en el Gobierno de Ollanta Humala, de Perú, nos ofrece «El aislamiento del pacífico: La erosión de la diplomacia peruana y el auge del eje conservador», artículo donde expone las vías para que Perú deje de ser un país aislado de sus vecinos y alineado con el imperialismo y recuperar su vocación de puente para liderar la unidad de una América Latina necesaria para enfrentar los desafíos del siglo XXI.
Cierra la sección, Vincent Boulet, responsable de Relaciones Internacionales del Partido Comunista Francés y vicepresidente del Partido de la Izquierda Europea (PIE), que aborda la crisis actual del proyecto de la UE, convertida en una herramienta que «encadena actos de vasallaje y capitulación ante Trump» y de sometimiento a la OTAN. Frente a ello, plantea que los pueblos europeos deben poner en marcha una nueva construcción europea, una Europa de propia elección, en la que, dentro de un marco común, los pueblos decidan soberanamente las cooperaciones que desean construir. Entiende que este debería ser el principal reto del próximo congreso del PIE, que se reunirá el próximo mes de abril.
Coordinadas por Francisco Erice, Nuestra Bandera ofrece la primera de cuatro entregas a lo largo de 2026 que constituyen una sección transitoria bajo el título «Memoria democrática y Transición», en el año del 50 aniversario de esta última. Así, dentro del bloque de contenidos dedicados a la Transición, que continuarán con nuevas aportaciones en números sucesivos, contamos con un trabajo de Francisco Erice dedicado a los giros tácticos del PCE en el año crucial de 1976; un interesante trabajo, entre testimonial y analítico, de Willy Meyer; así como dos textos de la época que reflejan, el primero, el balance sobre la Transición realizado en el IX Congreso del Partido, y el segundo, la visión de la dirección del Partido del proceso de cambio poco después de la muerte de Franco y la sucesión juancarlista, concretamente en enero de 1976.
La sección de CULTURA cuenta con dos interesantes aportaciones. Una, de Francisco Sierra Caballero, catedrático de Teoría de la Comunicación de la Universidad de Sevilla, quien en «Conocimiento libre y ciencia ciudadana: el frente cultural de la dependencia tecnológica» analiza cómo la revolución digital está transformando la producción de conocimiento y el sistema científico y critica la mercantilización de la ciencia. El autor propone fortalecer políticas públicas, software libre y participación social para que la ciencia sirva al bien común y a la democracia. Otra, de Gerardo del Val, músico y exconcejal de IU en el Ayuntamiento de Madrid, que en «Reflexiones sobre el papel del artista en la sociedad capitalista: El caso de Lennon» analiza el papel de John Lennon, quien desarrolló un compromiso social y político, actuando como conciencia crítica de su tiempo a través de la música y de la defensa de la paz y los derechos civiles, así como de la crítica al racismo y la guerra. Destaca el autor que Lennon usó el arte como herramienta de conciencia social y transformación.
Contamos en este número con Rafael Fraguas, reconocido periodista, como AUTOR INVITADO. Nos entrega una interesante entrevista a Michael Heinrich, pensador alemán que explica su nueva biografía de Karl Marx. Heinrich propone una biografía científica de Karl Marx para corregir mitos y simplificaciones sobre su pensamiento. Sostiene que la evolución intelectual de Marx fue compleja, influido por debates intelectuales y experiencias políticas, por lo que no puede explicarse como una simple ruptura entre el «joven» y el «Marx maduro». Destaca que la obra de Marx sigue siendo importante para comprender el capitalismo, especialmente su crítica a la economía política, la teoría del valor, la plusvalía y el análisis de las crisis, aunque no bastan por sí solos para explicar el capitalismo actual.Heinrich insiste además en distinguir entre el pensamiento de Marx y las interpretaciones posteriores del marxismo. Muchas de estas, convirtieron el marxismo en una ideología cerrada o en una visión total del mundo, algo que Marx no pretendía. En su opinión, para comprender correctamente a Marx es necesario liberarlo de las interpretaciones simplificadoras del marxismo posterior y analizar su obra como una crítica científica y compleja del capitalismo desarrollada en su contexto histórico.
Mauricio Valiente Ots, responsable del Área Ideológica del PCE, en su trabajo «Mariátegui, los 7 ensayos y el marxismo latinoamericano», presenta un estudio del segundo de los capítulos que componen la obra clásica de José Carlos Mariátegui 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana, publicada en 1928. Lleva por título El problema del indio y lo reproducimos en la sección A VUELTAS CON LOS CLÁSICOS.
Destaca que el pensamiento de José Carlos Mariátegui representa una de las aportaciones más originales del marxismo latinoamericano. Su principal innovación fue interpretar la realidad peruana desde sus propias condiciones históricas y sociales, una clara vinculación con el leninismo y el análisis concreto de la realidad, evitando copiar mecánicamente modelos europeos. Así, señala que al identificar la cuestión indígena con el problema de la estructura económica del país y de la tierra, cuya propiedad estaba en manos de los latifundistas (gamonales), Mariátegui mostró que la emancipación de los pueblos indígenas estaba vinculada a una transformación revolucionaria de la sociedad, a la revolución socialista. Y enfatiza el autor el convencimiento y compromiso de Mariátegui con la construcción de una fuerza revolucionaria que la impulsara, como sería el Partido Comunista de Perú.
Por ello, señala, su obra, especialmente 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana, sigue siendo una referencia clave para comprender la historia social de América Latina y para reflexionar sobre la relación entre marxismo, cultura e identidad en el continente. Mauricio Valiente subraya la relevancia de José Carlos Mariátegui como aporte del marxismo latinoamericano, y aprovecha su presentación para recordar a varios militantes comunistas peruanos que, como César Falcón y César Vallejo, aportaron en los años treinta del siglo pasado al desarrollo del Partido Comunista de España.
«Leer a Mariátegui es el mejor y más productivo homenaje que podemos hacer en su memoria», concluye el autor en su presentación. Y, por último, en la sección de LIBROS contamos con las reseñas correspondientes a tres obras. La primera, «Hacia un marxismo con características chinas», de Alfredo Iglesias Diéguez, sobre la obra de Xulio Ríos Marx & China: La sinización del marxismo. Sigue la reseña de Marxia Besala Barciera acerca del libro El desafío ateo de Puente Ojea, de Miguel Á. López Muñoz. La sección cierra con el cómic de Ángel de la Calle La casa de Pandora: Vivir y morir en los tiempos de la Transición, que reseña Jesús Lacasa Vidal.
Nuestra Bandera concluye su presentación con el deseo de que la revistaconstituya un instrumento para la comprensión política del momento yproporcione herramientas políticas precisas para desarrollar la lucha ideológicaque este requiere. Además, agraadece a cuantos autores y autoras han aportadosus trabajos y a quienes con su trabajo hacen posible que vea la luz.
Fe de erratas
En el número anterior de Nuestra Bandera, el 269, correspondiente al cuarto trimestre de 2025, se debe corregir un error en el artículo «El orden jurídico internacional y la seguridad compartida: la necesidad de un nuevo paradigma y nuevas alianzas en un mundo en crisis», de J. Daniel Oliva Martínez. En la página 85, línea tercera, donde dice «Compromiso de París» debe decir «Compromiso de Sevilla».
Revista de debate teórico y político editada por el Partido Comunista de España (PCE)
Directora
Marga Sanz
Consejo de redacción
Gloria Aguilar, Jaime Aja, Francisco Erice, María Iglesias, Pedro Marset, Javier Moreno, Manuel Monleón, Paula Navascués, Eduardo Sánchez, Mauricio Valiente, Marga Sanz.
Consejo editorial
Gloria Aguilar, Jaime Aja, Clara Alonso, Estela Álvarez, Nazanín Armanian, Joaquín Arriola, José Luis Centella, Elena Cortés, Francisco Erice, Marga Ferré, Paula Garvín, Eduardo Garzón, Belén Gopegui, Ramón Górriz, Julia Hidalgo, María Iglesias, José M. Mariscal, Pedro Marset, Manolo Monleón, Javier Moreno, Paula Navascués, Ángel Olmos, Isabel Peña Rey, Higinio Polo, Sol Sánchez, Eduardo Sánchez, Enrique Santiago, Marga Sanz, Anabel Segado, Pascual Serrano, Francisco J. Sierra, Cristina Simó y Mauricio Valiente.
Diseño y maquetación
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Corrección ortotipográfica
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ISSN: 1133-567X
Nuestra Bandera, la revista teórica y de debate del Partido Comunista de España (PCE) apareció el 15 de julio de 1937 en Valencia, en plena Guerra Civil, debido a la necesidad de armar ideológicamente y formar a la militancia comunista en la defensa de la Republica y la democracia, en una situación tan difícil como fue la Guerra Civil.
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