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Por una seguridad compartida, integral y humana: reforzar la ONU y la diplomacia multilateral en tiempos de crisis global
Vivimos una etapa histórica marcada por la incertidumbre, la fragmentación y el riesgo permanente de escalada bélica. La guerra en Ucrania, los conflictos en Oriente Medio, la tensión en el Pacífico y la proliferación de discursos militaristas son síntomas de un sistema internacional que ha perdido los mecanismos de contención y diálogo. La seguridad, entendida durante décadas como un concepto centrado en la defensa militar, se revela hoy insuficiente y peligrosa. Es urgente avanzar hacia un modelo de seguridad compartida, integral y humana que priorice la resolución negociada de los conflictos, refuerce el papel de las Naciones Unidas y apueste por el multilateralismo como garantía de paz y progreso.
Las aportaciones y el debate planteados en este número de Nuestra Bandera se inscriben en la tradición de la izquierda transformadora, que concibe la seguridad no como privilegio de unos pocos, sino como derecho universal. Frente a la estrategia de Guerra Fría, basada en la lógica de bloques, la carrera armamentística y la militarización de las relaciones internacionales, proponemos una agenda basada en la cooperación, la justicia y la gobernanza global democrática.
Desde esta perspectiva el artículo de Enrique Santiago, «A los cuarenta años del referéndum sobre la permanencia de España en la OTAN: una reflexión y propuesta», nos recuerda que aquel referéndum no solo fue una decisión estratégica, sino también un ejercicio de soberanía popular que fue burlado al no cumplir los sucesivos Gobiernos los términos de la consulta. Hoy, cuando la OTAN se expande y redefine sus objetivos, conviene recuperar la base de aquel debate: ¿es posible una seguridad europea que no dependa de la subordinación militar a Estados Unidos? ¿Podemos imaginar una arquitectura de seguridad que no reproduzca la lógica de bloques enfrentados?
Rafael Poch de Feliu advierte en «La ampliación de la guerra de Ucrania está servida y bien anunciada» que la escalada bélica no es fruto del azar, sino de una estrategia deliberada que alimenta la confrontación. La Unión Europea, lejos de actuar como mediadora, se ha alineado con la política de sanciones y rearme, renunciando a su papel histórico como espacio de diálogo. Willy Meyer plantea en «¿Seguridad de la UE o seguridad europea?» una pregunta crucial: ¿qué significa seguridad europea en un contexto de dependencia militar y energética? La respuesta no puede ser más armas, sino más diplomacia, más cooperación y más autonomía estratégica basada en la paz.
Gloria Inés Ramírez Ríos, en «Ochenta años de Hiroshima: memoria, humanismo y nuevos paradigmas de seguridad internacional», nos interpela sobre la vigencia del horror nuclear. Ochenta años después, la amenaza sigue latente. La memoria de Hiroshima no es solo un recordatorio del pasado, sino una advertencia sobre el presente: la seguridad no se construye sobre la disuasión nuclear, sino sobre la confianza mutua y el desarme progresivo.
En otra perspectiva está el artículo que escriben José Luis Centella, Manuel Pineda y Marta Martín, «Los Cinco Principios para la Coexistencia Pacífica y la gobernanza global en tiempos de belicismo», donde recuperan la esencia de la propuesta formulada por la República Popular de China en los años cincuenta del siglo pasado y de la Carta de la ONU: respeto a la soberanía, no agresión, no injerencia, igualdad y beneficio mutuo. Estos principios, lejos de ser reliquias, son la base para reconstruir un orden internacional justo. Frente a la imposición unilateral y la política de sanciones, necesitamos reglas claras y consensuadas que garanticen la paz.
J. Daniel Oliva Martínez, en «El orden jurídico internacional y laseguridad compartida: la necesidad de un nuevo paradigma y nuevas alianzas en un mundo en crisis», subraya que el derecho internacional no puede ser selectivo ni instrumentalizado. La ONU debe recuperar su centralidad, no como espectadora impotente, sino como garante efectiva de la legalidad internacional. Para ello, es imprescindible democratizar sus estructuras, limitar el poder de veto y fortalecer los mecanismos de resolución pacífica de conflictos.
Isy De la Luz Rivas, en «El multilateralismo como base de la seguridad humana integral y global, garantía de la paz y el progreso de los pueblos», nos recuerda que la seguridad no es solo ausencia de guerra, sino también desarrollo, derechos humanos y sostenibilidad. Sin justicia social y cooperación económica, la paz será siempre frágil. El multilateralismo no es una opción, sino una necesidad para enfrentar desafíos globales como el cambio climático, las pandemias y las migraciones.
En una perspectiva de las amenazas y retos que supone la creciente militarización y sus consecuencias, con la aparición de nuevos actores, Francis Wurtz denuncia en «La militarización de las relaciones internacionales contra la seguridad humana» la deriva belicista que convierte cada crisis en oportunidad para el complejo militar-industrial. La guerra se normaliza, se banaliza, seconvierte en espectáculo mediático. Frente a ello, debemos reivindicar la política como herramienta de paz y la diplomacia como alternativa a la violencia.
Yazmín Bárbara Vázquez Ortiz, en «La migración: ¿amenaza o derecho humano? Dos modelos geopolíticos contrapuestos», desmonta un discurso sobre seguridad que criminaliza a las personas migrantes. La migración no es una amenaza, sino un derecho humano. Las políticas que levantan muros y externalizan fronteras no solo son inhumanas, sino ineficaces. La seguridad compartida implica reconocer la movilidad como fenómeno estructural y gestionarla desde la cooperación y el respeto a los derechos.
Xu Xiujun, en «La cooperación de los BRICS ampliados conforma el nuevo futuro del Sur global», señala la emergencia de nuevos actores que cuestionan la hegemonía occidental. El Sur global reclama voz y voto en la gobernanza mundial. Esta pluralidad no debe ser vista como amenaza, sino como oportunidad para construir un orden más equilibrado y representativo.
En otro ámbito estan las propuestas para una agenda de seguridad integral y negociada que nos presenta Pere Ortega, en «El Plan ReArm y España», donde analiza la necesidad de planes de reducción del gasto militar y reconversión hacia sectores productivos y sostenibles. La seguridad no se mide en tanques, sino en hospitales, escuelas y energías limpias. Anna Sanpiero, por su parte, en «Una seguridad común no se hace con las armas», lo resume con claridad: la paz no se impone, se construye.
Álvaro Castaños, en su artículo «Trump, Wallerstein y la locura», se plantea que no basta con hablar de un nuevo orden mundial, pues este solo se configurará al servicio de la humanidad si se articula a través de una ruptura con el sistema capitalista mundial y el imperialismo, y si el protagonismo recae en las clases populares, única forma de hacer posible un mundo realmente diferente, donde la paz, la justicia y el desarrollo social sean las tendencias dominantes.
Desde estas reflexiones, en el marco de la sección de POLÍTICA, que datítulo a la revista, «Por un modelo de seguridad compartida, integral y humana», se empieza a conformar una propuesta que se articula en torno a cinco ejes básicos: reforzar la ONU y democratizar su funcionamiento, limitando el poder de veto y fortaleciendo los mecanismos de mediación; impulsar tratados de desarme y control de armamentos, empezando por las armas nucleares y las tecnologías autónomas de combate; promover una seguridad humana integral, que incluya salud, educación, igualdad de género y sostenibilidad ambiental; fomentar el multilateralismo económico con políticas que reduzcan las asimetrías y garanticen el derecho al desarrollo y construir una cultura de paz, desde la educación y la comunicación, frente a la narrativa belicista dominante.
En definitiva, estas páginas tratan de plantear cómo la humanidad se enfrenta a una disyuntiva: persistir en la lógica de la fuerza o apostar por la razón y el diálogo. La izquierda tiene la responsabilidad histórica de liderar esta transición hacia un modelo de seguridad compartida, integral y humana. No se trata solo de evitar guerras, sino de construir un mundo donde la paz sea fruto de la justicia y la cooperación.
Reforzar la ONU, revitalizar el multilateralismo, desmilitarizar la política internacional y situar la seguridad humana en el centro son tareas urgentes. No hay tiempo que perder. Cada conflicto que se prolonga, cada presupuesto militar que se incrementa, cada derecho que se vulnera, nos aleja de ese horizonte.Pero también hay señales de esperanza: movimientos sociales, redes de solidaridad, iniciativas diplomáticas que demuestran que otro mundo es posible.
Este número de Nuestra Bandera se plantea el objetivo de ser una invitación a la acción con pretensión de influir en la agenda política de los gobiernos, para que abandonen la lógica de bloques y apuesten por la cooperación; de las fuerzas políticas, para que incorpore la paz como eje programático, y sobre todo de la ciudadanía, para que exija un futuro de paz y progreso para toda la humanidad en el que los conflictos se resuelvan desde la negociación y la diplomacia, porque la seguridad no se decreta: se construye colectivamente.
Y siguiendo con el resto de aportaciones, la sección de CULTURA aborda por sus autores y autora distintas facetas de la cultura y las tradiciones gallegas. Angel Cardín Toraño en su artículo «De la fe al selfi: cambios en el Camino de Santiago» aborda los cambios en las motivaciones de la peregrinación y el impacto en la naturaleza de esta expresión cultural, de forma que hacer el Camino ha pasado de ser una manifestación religiosa a secularizarse, trivializarse y convertirse en un objeto más de consumo y de negocio para muchas agencias de viajes.
«Oralidad femenina: voz, memoria y transmisión en las Crónicas dun filósofo tabernario de Manoel da Costa» es el texto de Loli López Negro. Profundizando en el mencionado libro, resalta el papel de las mujeres como pieza fundamental en el mantenimiento de las tradiciones, adaptándolas y transmitiéndolas a las nuevas generaciones, siendo la oralidad femenina una forma de resistencia frente a la pérdida de identidad, la falsa modernidad y la marginación de la cultura popular.
Y cierra la sección Manoel da Costa Pardo con «O demo en la cultura popular gallega», donde nos presenta la figura del demo en la cultura gallega como la expresión de una tradición popular frente a lo que para la española es una tradición judeocristiana. Aborda el contexto histórico para explicar cómo el demonio se transforma en el mal absoluto, desde las primeras concepciones de entidades espirituales éticamente neutrales, y lo completa con el estudio de otras figuras de la misma tradición como las brujas, meigas y menciñeiras —diferenciando entre ellas—, mouras y lamias, mouros, trasnos, diaños y diantres.
Nuestro AUTOR INVITADO en este número es Jesús Lacasa Vidal, quien aporta un interesante trabajo: «Javier de Isusi, el arquitecto de las viñetas», donde analiza y destaca la vastedad del conjunto de obras de Isusi, decididamente comprometidas con los valores de transformación social, e invita a que los lectores y lectoras de Nuestra Bandera puedan acceder a una visión sintética del itinerario recorrido por él hasta la fecha.
Que vivimos hoy en nuestro país una edad dorada de la historieta, al menos desde el punto de vista creativo, es una afirmación que concita consenso de crítica y público. A la calidad artística de muchas propuestas, se suma la valentía para abordar algunos de los temas más candentes de nuestrasociedad. Eso encontramos en los trabajos de personas galardonadas con el Premio Nacional del Cómic como Paco Roca, Antonio Altarriba, Kim, Ana Penyas, Cristina Durán o Miguel Ángel Giner. Ese es el caso también de Javier de Isusi.
El autor bilbaíno lleva más de dos décadas haciéndonos reflexionar sobre asuntos como los restos del colonialismo, el devenir de las luchas revolucionarias, las migraciones y los exilios, la huella de los conflictos armados o la represión que padecen quienes se sitúan fuera de los cánones heteronormativos. Como dijo el propio De Isusi en las páginas de un número anterior de Nuestra Bandera, «atreverse a contar algunas historias puede ser un acto de profunda resistencia». En este número, vamos a atrevernos a indagar en la ya dilatada trayectoria del dibujante vasco.
Luis Felip López-Espinosa y Jesús Rodríguez Rojo nos presentan «El debate sobre la dialéctica de la naturaleza en la Unión Soviética: una traducción de “Lukács y su crítica del marxismo” (1924), de Abram Deborin» en A VUELTAS CON LOS CLÁSICOS. Es llamativo que se conozca con cierta amplitud la genial obra de Lukács, pero se ignore la de sus interlocutores. Sin embargo, el texto que se trae por vez primera al castellano es mucho más que un simple rival de Lukács. El artículo, que traemos en el centenario de la edición de Dialéctica de la naturaleza, de Engels, brilla con luz propia. Si Lenin señaló la importancia política de la dialéctica, parece que la tradición marxista la ha olvidado. Abram Deborin, principal referente de la «corriente dialéctica» del marxismo soviético, defiende la importancia de aplicar la filosofía de manera más general y totalizante que el húngaro, a quien critica con dureza.
Finalmente, la sección de LIBROS trae tres propuestas presentadas por sus respectivas reseñas.
Daniela Monje aporta el texto «Aguafuertes andaluzas: crónicas ácidas sobre medios y mediaciones», en el que reseña el libro de Francisco Sierra Caballero Medianálisis: dialéctica de la actualidad informativa. Alfredo Iglesias Diéguez nos deja su reseña «El fantasma que nos posee: una nueva lectura del Manifiesto», sobre el libro Un espectro recorre el mundo: sobre el Manifiesto, de China Miéville. Y, en el cierre de la sección, contamos con la reseña de Víctor Reloba López «La injusticia de la guerra a examen», del libro El pensamiento militarista: sobre las «guerras justas», de Fernando Hernández Holgado.
Por último, Nuestra Bandera quiere expresar su agradecimiento a los diversosautores y autoras, por su rica y rigurosa aportación, y a quienes con su trabajo hacen posible que esta revista vea la luz.
Revista de debate teórico y político editada por el Partido Comunista de España (PCE)
Directora
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Gloria Aguilar, Jaime Aja, Francisco Erice, María Iglesias, Pedro Marset, Javier Moreno, Manuel Monleón, Paula Navascués, Eduardo Sánchez, Mauricio Valiente, Marga Sanz.
Consejo editorial
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Nuestra Bandera, la revista teórica y de debate del Partido Comunista de España (PCE) apareció el 15 de julio de 1937 en Valencia, en plena Guerra Civil, debido a la necesidad de armar ideológicamente y formar a la militancia comunista en la defensa de la Republica y la democracia, en una situación tan difícil como fue la Guerra Civil.
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